sábado, 25 de abril de 2015

Chaos

Qué día el de ayer, señores. No voy a poner señoras, por favor no me obliguen ni se sientan excluidas. En todo caso, prefiero decir: qué día el de ayer, especie humana!!
Arrancó con taxista loco que me mostró la varilla de metal que tiene para pegarle a los motoqueros en el casco cuando lo molestan. Obviamente, cuando le pagué no le pedí el vuelto. No sé sus datos porque no tenía la ficha que por ley deben llevar a la vista del pasajero. También odia a los colectiveros. Dice que tienen complejo de inferioridad, a lo cual acoté que tal vez por eso andan en algo tan grande.
— Sin duda, la madre no los quiso de chicos, les faltó afecto a esos hijos de puta!
Y demás lindeces por el estilo. No se salvó nadie, ni los pasajeros que son los que le pagan el sustento. Para ellos me soltó que "hay taxistas que le cuidan el mango al pasajero. Yo no, que se jodan". Arremetió contra los jubilados y los judíos y parece que la combinación judío-jubilado lo pone relamente molesto. Y siempre la varilla de metal en la mano. Realmente, agradecí llegar a destino y lamenté no poder usar la mano derecha que es la que tengo jodidísima desde que me caí los otros días, porque sino me hubiera ido con el cpu en el bondi.
Después, llamo a la inmobiliaria para ver si, efectivamente, nos podíamos mudar el sábado dos de mayo o no.
— Siiiiií, no va a haber problema.
Me llaman más tarde porque hubo un problema con los certificados, se equivocaron, pusieron el nombre de otra persona, pero la culpa había sido nuestra. No me dice "la culpa es tuya", busca todas las otras maneras que nos provee el ingenio y el lenguaje y las busca y las usa varias veces. Tons, le dije que si quería jugar al jueguito de la culpa yo le podía decir y decir y decir y se lo dije.
— Bueno, yo no sé qué le pasa a la gente —empieza y la corto. Me da con el de la inmobiliaria. Hablo con el tipo... A verrrr. Hace dos meses que vimos el depto. Dos meses tuvo la mina para irse. Dos meses, si se hubiera ido, habrían tenido de tiempo para pintar, enlozar, emprolijar y etc. Pero yo me tenía que mudar con los tipos adentro pintando, enlozando y emprolijando. Ok. Tá bien. Bué, tá mal pero tá bien. Pero no. Al final, nos mudamos el 8 de mayo. Y le vamos a tener que pagar una fortuna por diez días a la dueña del depto actual. Como si la guita nos sobrara. Mejor dicho, como si nos alcanzara. Y encima, en una recorrida 360° por mi hogar, lo único que hay es caos.
Me conformo pensando que todo se engendró del Caos. Caos originario. Caos creativo. Mi caos que si lo miro con buenos ojos, seguramente engendrará algo bueno. Muy bueno.
 



Post Scriptum: la mano me duele como la concha de la lora. No me podía ir sin mi puteada preferida.

jueves, 23 de abril de 2015

1950

Ya arrancamos mal. A veces planeo que comamos algo y sino sale pizza de la Fábrica o empanadas de El Conde. A mi favor puedo decir que cocino muy bien y a él le gusta lo que sea que haga. Ese hombre me quiere. Por otra parte, en casa solemos estar hambrientos todos, especialmente mi hija al desayuno ya quiere saber qué va a cenar y me tira ideas. Será de Dios.

Bue, esta es fácil porque yo soy hermosa por naturaleza. El problema no es el maquillaje. El problema es que, generalmente, una vez que llego a casa desensillo y a la mierda. El aspecto pasa a un segundísimo plano. Así que cómo esposo ya me tiene calada, una vez desensillada,  él me sospecha en todo mi esplendor y santas pascuas!


Sí, yo lo distraigo. En ese sentido los hombres son básicos y se distraen al instante, no importa cuán desensillada esté una.

Ajajajajajaj. Un plumero! Ni siquiera plancho, papu. Y la ronda que hago es para ver si encuentro un chocolate! Eso sí, si encuentro lo comparto mientras miramos alguna serie.

Estar conmigo es estar en el paraíso, me lo dice siempre. Se olvida cuando ve el resumen de la tarjeta, pero en seguida le hacemos notar cuánto gasta él en nafta y todos felices y mudos. Y la chimenea se la prende él, aprendió al instante que mis manitas no están hechas para ciertos menesteres.
Aunque algo es cierto, cuidarnos mutuamente, nos hace sentir bien.

Claro, esto es de otra época. Él se conforma con verla, reluciente o no. Y cuando decimos verla, decimos libre de dispositivos electrónicos de todo tipo anque los antiguos libros de papel.

Nosotros lo que tendríamos que lograr es que Z hable de motu propio no por estar sometida a un interrogatorio del tipo ¿cómo te fue en cole?


Lo triste es que estas pelotudeces las ponían en la libreta de matrimonio y circulaba el manual con estas máximas. Muestra sinceridad, le manda. Hipocresía 100%

Yo tiendo a divagar cuando hablamos por teléfono. Como se da cuenta, a veces me lo repite solo, otras me hace parir. Eso está muy mal. Sobre todo porque mi punto 8 no es ninguna procuración, yo estoy contenta en serio y cuando no, no. Y todo se me nota.

Acá la cosa como que es al revés. Cuando él está acá, yo salgo con mis amigas. Digamos que nos ponemos los zapatos del otro los dos. En esta casa nos hacemos el aguante, che.

Aprendió muy rápido a decirme "Sí, Petalito". Todas las mujeres del mundo deberían tener su "Sí, Petalito", ahorraría muchos problemas.

sábado, 18 de abril de 2015

Esas personas

Hay gente que viene y te cuenta lo que le pasa. Pero te lo cuenta sin intención de que intervengas en lo más mínimo. Te suelta una catarata de desgracias, inquietudes y tonteras de distinta índole y gravedad con el expreso propósito de que asientas vigorosamente, que le des la razón y tal vez, arrimes algún plan de venganza o al menos la manera de irritar o "dejar en su lugar" al supuesto ofensor. Lo que no quieren seguro es encontrar una solución que conduzca a una situación "todos ganan".
No recurren a vos para que escuches* y en lo posible aportes otra perspectiva de la cosa (no un consejo), no te cuentan el contexto, no intentan desgranar sus emociones, y, fundalmente, no se escuchan mientras te cuentan. Porque si lo hicieran, poco a poco, sobrevendría la calma y con ella una incipiente comprensión de sus propias motivaciones y acciones e incluso el nacimiento de empatía, esa capacidad de salirte de tu propio mundo y atisbar por un instante el mundo del otro, desde sus propios ojos. Y todo eso sin que vos, paciente receptáculo de agrias palabras y agitados monólogos, hayas dicho ni pío.
Suele suceder, que luego del cansancio que produce esa airada perorata, se te quedan mirando esperando lo que mencionamos al principio. Y te das cuenta que, depende de lo que hagas, esa puede ser una situación en la que todos pierden. Sugiero un sentido silencio y una maniobra de evasión, generalmente una mirada rápida al reloj, un levantarse de la silla, un cálido saludo y un "nos vemos" sin fecha.
Puede que cuando salgas tengas que secarte la transpiración que te mojó la nuca. Y que la lengua se relaje en la boca. Sea la que sea tu manera de abandonar el lugar, el mensaje fue:


* Escuchar en el sentido de prestar profunda atención, incluso más allá de lo dicho, para encontrar el camino al bienestar.