domingo, 15 de marzo de 2015

He aquí una mujer

No cualquier mujer. Mi amiga. Mi hermana del alma. La que elegí como madrina de mi hija, es decir, la mamá sustituta, la que le va a saber transmitir las cosas que yo no pueda decirle (por eso del enojo adolescente hacia sus padres) o mejor aún la madre que a mí me gustaría ser. Esa es Verónica.
No hay distancia que me aleje de ella o al menos de lo que ella significa para mí. Fuimos carne y uña. Ahora nuestra relación es más blusa y accesorios, ponele. Eso quiere decir que el tiempo fue pasando y nuestros cambios fueron moldeando otros encuentros, menos frecuentes pero cariñosos y profundos.
Verónica es un pilar de mi existencia. Ella le da sentido a muchas de las cosas que tienen que ver conmigo. Llegué de mi pasado hasta acá, en parte, porque la tenía a ella de amiga-confidente-hermana, refugio en las malas horas.
Feliz cumple, Verchu, vida feliz quiero para vos. Quiero tus colores brillando en cuadros, tu creatividad en cada cosa que tocás, tu manera de ser alegrando otras vidas que se cruzan con la tuya en tus talleres. Quiero eso para vos siempre. Pero también te quiero un poco para mí. Porque yo soy así egoísta y celosa. Bueno, ya no tan celosa y un poco menos egoísta pero vos entendés.
Brindo con vinito del bueno porque el champagne te hace mal. Y gracias.