jueves, 23 de abril de 2015

1950

Ya arrancamos mal. A veces planeo que comamos algo y sino sale pizza de la Fábrica o empanadas de El Conde. A mi favor puedo decir que cocino muy bien y a él le gusta lo que sea que haga. Ese hombre me quiere. Por otra parte, en casa solemos estar hambrientos todos, especialmente mi hija al desayuno ya quiere saber qué va a cenar y me tira ideas. Será de Dios.

Bue, esta es fácil porque yo soy hermosa por naturaleza. El problema no es el maquillaje. El problema es que, generalmente, una vez que llego a casa desensillo y a la mierda. El aspecto pasa a un segundísimo plano. Así que cómo esposo ya me tiene calada, una vez desensillada,  él me sospecha en todo mi esplendor y santas pascuas!


Sí, yo lo distraigo. En ese sentido los hombres son básicos y se distraen al instante, no importa cuán desensillada esté una.

Ajajajajajaj. Un plumero! Ni siquiera plancho, papu. Y la ronda que hago es para ver si encuentro un chocolate! Eso sí, si encuentro lo comparto mientras miramos alguna serie.

Estar conmigo es estar en el paraíso, me lo dice siempre. Se olvida cuando ve el resumen de la tarjeta, pero en seguida le hacemos notar cuánto gasta él en nafta y todos felices y mudos. Y la chimenea se la prende él, aprendió al instante que mis manitas no están hechas para ciertos menesteres.
Aunque algo es cierto, cuidarnos mutuamente, nos hace sentir bien.

Claro, esto es de otra época. Él se conforma con verla, reluciente o no. Y cuando decimos verla, decimos libre de dispositivos electrónicos de todo tipo anque los antiguos libros de papel.

Nosotros lo que tendríamos que lograr es que Z hable de motu propio no por estar sometida a un interrogatorio del tipo ¿cómo te fue en cole?


Lo triste es que estas pelotudeces las ponían en la libreta de matrimonio y circulaba el manual con estas máximas. Muestra sinceridad, le manda. Hipocresía 100%

Yo tiendo a divagar cuando hablamos por teléfono. Como se da cuenta, a veces me lo repite solo, otras me hace parir. Eso está muy mal. Sobre todo porque mi punto 8 no es ninguna procuración, yo estoy contenta en serio y cuando no, no. Y todo se me nota.

Acá la cosa como que es al revés. Cuando él está acá, yo salgo con mis amigas. Digamos que nos ponemos los zapatos del otro los dos. En esta casa nos hacemos el aguante, che.

Aprendió muy rápido a decirme "Sí, Petalito". Todas las mujeres del mundo deberían tener su "Sí, Petalito", ahorraría muchos problemas.

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