miércoles, 28 de noviembre de 2012

Sin siquiera pedir permiso

Todos saben que la Matrix me ha dado cantidad de conocidos, amigos y gente que quiero mucho y que no puedo encasillar en ninguna de las categorías anteriores o alguna más que no menciono, más por falta de ideas que otra cosa.  Y de toda esa gente hay algunos en especial que me hacen llorar de la risa, tanto que decidí publicar el intercambio de mails con algún recorte para no afectar la intimidad de los intercambiadores de e-pístolas. Ahí va:

Asunto: cotorreteamos?

Ramboneta a la que escribe y otros más:


Visto  considerando que los compañeros Amperio y caído catrilar estan muy ocupados como para dar inicio a la cadena loca de mails a fin de organizar una manisetta pues, doy el puntapie inicial y digo:
El lugar ya fue arbitriarimente definido por caído y mi persona, esto es: la pulpería del cotorro. Caido se ofrecio a hacer la reserva en persona, como para darle seriedad a la cuestion.
El dia: un sabado. al mediodia
La hora: las que esten comprendidas dentro de la categoría "mediodía"
La vestimenta: elegante esport
El calzado: en buen estado de aseo
Los accesorios: un bolsito o una carterola. Tambien es de buen tino, que cada uno de los presentes lleve un chongo.
Masomeno como que ya esta cocinado el asunto. Cuanto me alegra

Buenas noches queridos conejos ea ea ea ea pepepepepepe

Amperio le contesta:

Bataraza:
Habida cuenta de sus NBI, me hare presente con el companero Choquena, el pastorcito de la Puna, empomador serial de camelidos antiplanicos.
Ud solo tiene que mirarlo fijo, ponerse levemente estrabica y, de vez en cuando, lanzarle un gargajo guanaqueril. Si acompana esto con un relincho agudo tipo llama que llama a la chota, tiene asegurada una noche de pasion subtropical con estacion seca..
Estoy para servirla, guaina. (No se lo tome literalmente)
UAP, chichi.

Respondo a todos:

 Amperio, compañero, usted va a lograr que me rajen a la mierda de este edificio también.

Me uno a la maniseada pero con una quejareclamo: justo ahora que estoy rodeada de Quentaquis me cambian el orden del día y el lugar de feliz apiñamiento?? Dónde queda el cotorro? En la nueva vecindad de la bataraza??

Deanmé más detalles y allí estaré de ojotas y corpiño calado que la temperatura ya da para andar mostrando las bondades que la naturaleza, en su expansiva sabiduría, me dio.

Aclaro que yo no necesito afetto y sí comprensión.

UAP a todos

Amperio me dice:

 Si busca comprension, china a ud. el Choquena le va a prestar la oreja, pero, le aviso, seguro que le pide que Ud. le empreste algo a cambio..
Ojo que el Choquena nunca perdio un trueque..
Por las dudas, lleve la gombacha de fierro..
Yo voy en medias de vestir, descamisado pero encorbatado y con sunga amariya...

A lo que le respondo (y aquí termina por ahora el intercambio e-pistolar):

 La combinación responde a la etiqueta peronera y garchotera como diría el Mich.
Además, lo veo bien de amarillo, se me ocurre que le combina con el color de los ojos.
Yo voy con la gombacha de hierro y sin soplete.
Y me niego a codornizar, albatrolear o golondrinizar el movimiento que se demuestra andando.
UAP, mi matungo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

No sé

Estoy decidiendo si quiero jugar a las escondidas, si estoy haciendo un pozo porque sí, si estoy dejando vagar mi espíritu libre y juguetón o si simplemente quiero ser un perro. Como el de la foto.

martes, 20 de noviembre de 2012

Minotauro

Nada te prepara para lo inesperado. No hay agenda que tenga día y hora para el evento que no tenía espacio por improbable, por imposible, por impensable y un montón de etcéteras más todos con im. Pero sucede.
Es como una ráfaga de viento helado en el trópico que termina con vos y un resfrío de proporciones bíblicas.
Te toma, de golpe y casi adrede. Si es que puede ser adrede el azar. Y estás vibrando. Y sintiendo. Como antes, cuando tenías el mundo por estrenar, cuando lo veías con ojos de futuro amistoso, sin miedo, puro carnaval rocambolesco. Vida que se derrama sin sutileza, pletórica y salvaje. Intuición desmedida.
Y apareciste. Casi de la nada para perturbar todos los esquemas. Un cambio radical. Cuántico. Me interpela.
Y yo.
Otra vez.
Sin respuestas.


La estupidez insiste siempre - Camus -

Y la hipocresía también.

Veo carteles "Soy peronista por eso voy a trabajar". Yo soy peronista y la columna vertebral del movimiento son los trabajadores. Desde la vuelta de la democracia casi todos los gobiernos se tuvieron que comer paros generales. Y nunca vi carteles como éste.
No voy a entrar en el debate de la corrupción sindical. Si la hay en todos los gobiernos que hemos tenido ¿por qué no va a haberla en los sindicatos? Tanto los sindicalistas como los funcionarios, dirigentes y políticos en general salen del mismo lugar: la sociedad. Y ¿quiénes somos la sociedad? Todos somos. Te guste o no te guste.
Pero más allá de los sindicatos y sus dirigentes enriquecidos a costa de aquellos a quienes representan -oops! igual que los funcionarios, dirigentes y políticos en general!- están los trabajadores. Los que no comen con 6 pesos por día. Los que no reciben la asignación universal por hijo. Aquellos a los que les cobran ganancias. Los que ven que su sueldo vale mierda. A esos trabajadores, mis amigos peronistas le ponen ese cartel: yo voy a trabajar porque soy peronista. Y digo yo ¿Por qué vas a trabajar cuando le paran a este gobierno y no fuiste a trabajar cuando le paraban a Alfonsín, por ejemplo?
¿Qué De la Rúa tuviera que irse rajando del gobierno estuvo bien pero cacerolear en éste es destituyente?
Yo estuve ahí. Diez años de mi vida estuve ahí. A mi no me venden ninguna porque estuve en el núcleo de todas las falacias. Porque conozco a todos estos que juegan con el poder no me venden relatos.

Hipocresía. Lisa y llana. Sin sinónimos. Sin metáforas.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Estoy así...

...como con una congoja mezclada con desconcierto. Mi capacidad de raciocinio ya no da para entender por dónde están pasando las cosas. Miro mi país y sólo encuentro nebulosas, mayorías y minorías cambiantes pero como si no tuvieran derecho a cambiar. Como si debiéramos quedarnos estáticos en una posición. Como si el ejercicio enriquecedor de cuestionar, de reclamar estuviera prohibido porque el poder de turno decidió que la realidad es de una manera y sólo una y gobierna sólo para aquellos que así lo entienden.

Los datos concretos que arroja la realidad siempre son culpa de alguien más, Clarín y Magnetto, casi siempre. Y eso me deja una duda, ¿quiénes nos gobiernan, en realidad? ¿Los medios? ¿Magnetto es tan poderoso que le dice a Cristina qué hacer? ¿Ella es una marioneta de Clarín? Llevan diez años de ejercicio en el poder. Ya no hay un más atrás a quien echarle la culpa de todo. Hubo cosas buenas, por supuesto. En todos los gobiernos hay cosas buenas y cosas malas. Pero parece que en éste sólo existen cosas buenas, el relato es ese, dice eso, no admite otra lectura.

La marcha del 8N fue impresionante y como en todas las marchas que no son partidarias y lo único que une a sus manifestantes es el malestar, hubo todo tipo de gente: gente como yo, mucha; ancianos, muchos, con su ropa raída algunos, cansados, sentados en donde podían los que estaban muy fatigados, avanzando a fuerza de bastón otros; en sillas de ruedas; había gente paqueta también y aunque parezca mentira también son argentinos y algunos, mirá vos: ¡hasta son buena gente!; había gente que no fue a manifestar sino a ver qué podían mostrar que ensuciara una marcha pacífica y hasta te diría, alegre. El único incidente groso fue lo del pibe de C5N y parece que hubo algo en el medio, habrá que ver si fue cierto o no. Como sea, no podés hacer eso, flaco. Hubo algunos carteles de mierda, irrespetuosos, que no sumaban nada, pero realmente eran tan pocos que me pregunto porque se han emperrado en ver solamente esos carteles. También hubo algunos carteles que añoraban dictaduras. Esos me gustaron menos que los otros a los que sí vi, que fueron dos. Hablo de lo que yo vi. Los otros no los vi pero los k se encargaron de mostrarlos. Y entonces ellos tomaron la parte por el todo. Así:

Obviamente que había gente con la que yo, en la cotidianeidad, no me juntaría ni a palos. Pero eso fue distinto, esa gente estuvo y nadie tenía derecho a echarlos. Es como si a alguien se le hubiera ocurrido rajar a los jubilados o a la cantidad inmensa de la única franja que los k reconocen como pueblo, el resto no porque les damos asco. Hay personas que no se juntarían conmigo porque yo fui a una marcha donde había un grupete de impresentables. Ya no soy Alexiña para La Manón, por ejemplo. Y eso me duele. Me duele mucho. Y cuestionada también por Vane, la Cuca, que trabajó conmigo tantos años en política y sabe perfectamente bien como se manejan las cosas.

Durante la marcha me llamó Susy, una amiga peronista como yo y no k como yo, y me dijo si ves a algún periodista de 678 pegale de mi parte. No entendía de qué me hablaba, después sí, después entendí y Beatriz Sarlo escribió algo al respecto:
" Aunque no miro las marchas por televisión, en el caso de la del jueves, no tuve más remedio. Estoy a miles de kilómetros de distancia. Por lo tanto, hablaré de la televisión y no de la marcha. La cronista de 6,7,8 Cynthia García hizo el mejor servicio posible a los manifestantes y el peor a su causa. Los interrogó con una pedantería que sólo parece concebible como caricatura de una profesora tomando examen a alumnos mal preparados o con la seguridad de que el careo es imprescindible para dejar al desnudo la culpable y penosa indigencia política del interrogado. Se permitió todos las repreguntas, interrumpió a sus entrevistados cada vez que intentaban una respuesta, les planteó problemas a los que ni siquiera podría responder una parte considerable de la segunda línea política y, ni qué decir, tampoco podrían responder muchos de los que van al programa 6,7,8 o integran su panel estable.

Ese programa fue a la marcha haciendo una autocrítica del silencio con la que había acompañado la anterior del 13 de septiembre. Las autocríticas valen, se hagan por cálculo o por convicción. Siempre es preferible una autocrítica, aunque la mala fe la distorsione. Dicho esto, la forma en que se desarrolló esa corrección (es temprano para saber si se trata de táctica o estrategia) estuvo regida, no muy secretamente, por el desprecio hacia los manifestantes. Hay que tener una idea muy abstracta de lo que sucede durante una movilización para pensar que es posible un interrogatorio preciso a quienes forman parte de ella. Me gustaría ver a Cynthia García interrogada a su vez por alguien con mejor formación política de la que ella tiene, que le exigiera esa misma precisión y le cortara la palabra cada vez que su entrevistador considerara que ha llegado el momento de dejar al descubierto la debilidad de sus ideas. Todos juzgarían que se trata de un acto supremo de despreciativa pedantería o de superioridad mal fundada.
En la primera marcha de las movilizaciones de 2008, D'Elía, un dirigente de experiencia, años en la calle y en las plazas, le tiró una trompada a un manifestante. En la marcha de ayer, un manifestante le pegó a un periodista. Hay que repetir ese plano de televisión porque la política, incluso en el calor de una marcha, debe evitar el barrabrava organizado o el malevo de capas medias. Hace muy poco, el diputado Andrés Larroque fue capaz de aullar el insulto "narcosocialistas" durante una sesión de la Cámara. Debió haber tenido la prudencia que exige su cargo. A todos los ciudadanos se les puede pedir tanto como a Larroque, pero sin olvidar las diferencias que separan el cargo y la situación.

Los que marcharon el jueves no fueron elegidos, no se representaban sino a sí mismos y para movilizarse lo hicieron sostenidos en su propia fuerza y las de una organización virtual en las redes sociales. Entre la marcha de septiembre y noviembre aprendieron bastante en lo que concierne a las consignas (inventar consignas es parte de la política). Supieron encontrar una traducción más interesante a su malestar. Hasta la llegada del micrófono de 6,7,8 no imaginaron que iban a rendir examen. Y no tuvieron tiempo de hacer un curso acelerado que incluyera la lectura de las leyes ni el análisis de los datos económicos.
Habría que haberle avisado a Cynthia García que esos cursos de formación son los que tienen que hacer los políticos y los periodistas especializados, para no correr el riego de que su ignorancia quede al desnudo si el destino invierte los lugares.
La estrategia del interrogatorio de 6,7,8 podría ocurrir en una situación inversa, si alguien tiene el coraje de atreverse: un periodista de un medio de oposición puesto a interrogar a manifestantes que han ido a un estadio para escuchar a la Presidenta. Se podrá decir que los que integraban la marcha del jueves formaban parte de las capas medias y que, en consecuencia, era su deber estar mejor informados. Esto equivale a presuponer en las capas medias un saber político ausente o disminuido en otros sectores sociales, presupuesto que habría que demostrar. Están, sin dudas, en mejores condiciones para instruirse. Pero no las aprovechan invariablemente. Y, cuando llega el momento, se sale a la calle por una decisión sostenida en la experiencia.
Los manifestantes estaban allí porque una serie de hechos se condensaron en un núcleo de malestar. Muchos habían votado a la Presidenta y después recorrieron ese difícil camino, generalmente sin regreso, que es el de la desilusión: voté y no cumplieron las promesas. O mejor todavía: voté y me equivoqué.
Además, la cobertura de 6,7,8 pasó por alto lo que se puede hacer o decir durante una marcha. Perdió toda noción que respondiera a lo que es posible en un estado de entusiasmo o de indignación. Sólo desde una perspectiva abstracta puede suponerse que marchar y discurrir razonablemente sobre programas y datos forman parte de la misma situación de discurso. Quien marcha, en todo caso, ha pensado antes de llegar a la plaza y sólo los especialistas o los periodistas están en condiciones de pensar mientras están en ella.
Y los que miraban por televisión a Cynthia García, ¿qué pensaban? Puedo decir lo que pensaba yo: si a mí me interrogaran, durante una marcha, pidiéndome las precisiones que exige esta mujer, no podría responder con la coherencia necesaria para demostrar que estoy acá porque tengo un saber completo sobre los motivos que me trajeron. Cynthia García, libre de esta duda, decía: que pase el siguiente, porque usted tiene cero y yo soy la profesora y la heroína K de la noche.
6,7,8 olvidó que, cuando decenas de miles de personas se movilizan, sus motivos son de órdenes variados. Esto sucede con mayor evidencia cuando no existe una organización política que proponga las consignas. Pero aunque esa organización hubiera existido, cada uno de los manifestantes no estaría en condiciones de explicarlas ajustándose a la letra de las leyes o los detalles de los cambios que se reclaman.
Hay que tener una visión completamente extraterrestre de la política para imaginar que decenas de miles de personas pueden convertirse en profesores que han leído el Libro que las moviliza.
Por eso la política es indispensable. Los senadores y diputados que firmaron un documento en el que se comprometen a impedir con su voto la reforma de la Constitución son la política. Las organizaciones de izquierda sin representación parlamentaria que tratan, muchas veces contra toda esperanza, de pensar el presente, son la política.
La movilización desborda estos marcos, pero, como se ha demostrado en todos los lugares donde se manifestaron los indignados con distinta suerte, no los suplanta. En todo el mundo hay algo nuevo en el horizonte. Sin embargo, todavía no conocemos la democracia de la desnuda necesidad ni la de los puros deseos."

Para visitar la nota completa hacé clic acá: Una muestra de pedantería kirchnerista 

Somos nosotros, es otra nota, distinta de la de Sarlo, leéla si querés. No es k. Ya no me voy a molestar en poner todas las voces porque me cansé de darle asco a determinada gente que se ve que tienen una estatura moral a la que nunca podré llegar. Me cansé de que me digan oligarca, cipaya, vendepatria, golpista, gorila y destituyente. Y a los que dicen todo eso, les pido: miren a su alrededor, en el relato feliz falta una parte importante, los números del indec no sólo falsean la inflación, ocultan a los miles de expulsados del paraíso que van con sus pocas cosas en valijas, en cajas de cartón, en bolsas de plástico a dormir bajo techos en la calle, en las plazas. Son los que ya no tienen nada y son cada vez más.