miércoles, 29 de junio de 2011

Cuándo

Había algo sin definir, algo así como una cadena de alegrías nebulosas.
No era, siquiera, una interdicción.
Bruma.
Una suerte de imposibilidad, como si te soñaras en un sueño que se sueña a sí  mismo.
Hombre de vitruvio.
Simetría.
Número de oro.
Una cascada flamígera.
Un montón de respuestas esperando preguntas.
Yo.
Vos.
El mundo cimbrando.
Te imagino así, como el mundo dice: flexible.
Y digo cuándo.

Y este posto viene de ACÁ.  Que claramente es otro de mis blogs.

Y se escucha con:

martes, 21 de junio de 2011

Miedo

Mi niña es así. Intermitentemente bella, curiosa, feliz, malhumorada, decidida, tenaz y confrontadora. Y cuando no tiene argumentos, los inventa con una facilidad pasmosa. Dueña de una energía irrevocable, de una imaginación a prueba de maravillas, te cuenta cualquier desatino con la actitud circunspecta del que se sabe dueño de la verdad. Porque para ella las probabilidades son hechos determinantes. Z ve el mundo en sucesión multicolor y maneja el "sí o sí" como se le canta, generalmente a favor de ella. En su mundo conviven lecturas de la serie Robin Hood, dibujos de hadas, cuentos de zombies, historias de dragones violetas con botas y Sherlock Holmes, amén de Herman Melville, Charlotte Brontë, Edgar Alan Poe, entre otros que le leí o leyó sola (versiones abreviadas, obviamente). Salió tan hermana de sus hermanos que da impresión. De la mayor, heredó (aunque yo puse mi parte), el amor por las historias y los libros. De la del medio, "hijitos", esa cosa Susanita del siglo XXI, pero vintage, no jodamos. Del hermano mayor, la música, aunque no el ritmo y del menor de los varones, el registro visual de lo que le llama la atención. Además de escribir sus propios guiones. Y cierta capacidad -en desarrollo- de la ironía y la rapidez para las respuestas; ahí tiene al mejor maestro, el padre. Mi hija es, si no fuera por las faltas de ortografía y alguna que otra tara -como, por ejemplo, su tendencia a no contarme las cosas, sobre todo si le fue mal en un examen, cosa que justifica diciendo que como sabe que no me voy a enojar por la nota que le pongan...; y la maldita rapidez con que pasa al malhumor cuando las cosas no son como quiere o espera- un dechado de virtudes.
Es hermosa. Es inteligente. Es buena. Es capaz. Es. Y es mía. Todavía es mía, cada vez menos lo reconozco, pero...
Y yo estoy, definitivamente, en el horno. Y cagada hasta las patas. Sin motivo alguno, lo sé. Pero el miedo está instalado desde hace casi un mes cuando me dieron la fecha de operación.
A mi pequeña hija la operan el 4 de julio. De una recontra boludez, lo sé, lo sé, lo sé. Así que no me lo digan. Pero me la van a dormir con anestesia general. Yo voy a estar ahí viendo cómo se duerme, cómo se hunde en la inconciencia.  ¿Y si al ver que le pasa eso se asusta? Yo me voy a quedar con sus ojitos asustados y ella con mis ojos reteniendo miedo y lágrimas.
Tengo pesadillas, me despierto llorando y medio ahogada por ese llanto incipiente diciendo "¿dónde está Zoe?" y Gabriel que me dice "shhhh, está todo bien, está durmiendo, andá a verla". Y yo me levanto con la garganta hecha un nudo y la miro dormir y le doy un beso tratando de no despertarla.
Me quedan dos semanas de angustia.
Estoy, literalmente, aterrada. Verán por qué lo del pelo verde me importa una soberana mierda.

viernes, 17 de junio de 2011

Entregarse a la experiencia, las pelotas.

Cualquiera que me conoce sabe que yo me entrego a la experiencia. Me dejo fluir con las circunstancias -bueh, tooooooodas lo que se dice toooooooodas las circunstancias no, convengamos que de algunas hay que correrse, huir, dejar pasar, lo que cuadre- y no me hago demasiado problema con lo que tiene solución. Por ejemplo, si me corto el pelo y no me gusta, no me hago problema porque el pelo crece, me lo tengo que bancar hasta que crezca y punto. Peeeeerooooooooooooooooooo...

...cuando al flequillito de boludita que te cortaste porque te quitaste el rubio de la cabeza le agregás un color caquita de primera comida semisólida, que es como te quedó cuando al rubio que te costó TRES años conseguir le pusiste un rubio oscuro que en NINGÚN lado decía ceniza, te querés matar. A falta de matarme por semejante huevada, me niego a entregarme a la experiencia, me quejo cada mañana cuando me miro en el espejo mientras me lavo los dientes y puteo en arameo al verde sorete que flamea en mi cabeza que no me molesta por verde sino porque no elegí tener el pelo de ese color. Que si yo lo hubiera decidido, otro gallo es el que cantaba. Porque, vamos, si he salido a la calle con bordóses flúo, mirá si un verde sorete me iba a amilanar.

En fin, que lo tenía que contar porque lo tenía atragantado, más cuando ayer la mamá de una compañera de Z me dice:

- ¡Te cambiaste el color!

Pone cara de te lo digo o no te lo digo y se tiró a la pileta nomás y me lo chanta en plena cara -eso es huevo, señores-:

-Te quedó verde.
 
Ahora estoy decidiendo qué hago. Me lo corto todo, bien rapado -no sería la primera vez- para logar mi color natural castaño-canas. Mechones de canas plateadas. ¿Les conté que tengo mechones de canas plateadas? ¿No? ¡Caramba, qué descuido! Bueno, eso, cortármelo bien cortito para volver al rubio de una manera más directa. O no me lo corto nada y vuelvo de a poco a la rubiez. O, me lo hago decolorar para pasar al platino Marilyn de una. Con raíces oscuras, me gustan las raíces oscuras. La última opción es peligrosa porque puedo terminar con la cabeza zanahoria, color del que costó salir un año, casi. Y esposo se niega a pasar por el naranja otra vez, lo entiendo, pobre, era como andar con una cosa en permanente combustión. La primera, mmmmnosé, no creo, es una decisión demasiado extrema, pero si me levanto del lado equivocado de la cama todo es posible. Aunque creo que la DOS, es la opción con más posibilidades de ganar la contienda.

Ser yo esunalucha, mecacho!