sábado, 28 de agosto de 2010

Ensoñación




Me llevó directo a viajes imaginarios, a tardes de calor y chicharras buscando frescura en ensoñaciones de hamaca paraguaya y una pierna colgando, espantando alguna mosca molesta con gesto perezoso y los ojos a media asta.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Tempora tempore tempera -Aprovecha el tiempo oportunamente-



Es como cuando viste el borde del mundo. Esa sensación de infinito, de pequeñez (propia) y de inmensidad (del mundo). El mundo es todo eso ahí, lo que no abarcás con los brazos, lo que escapa a la mirada, lo que fue, lo que es, lo que será futuro a partir de este instante y este instante y esta instante... Tiempo, fugaz, eternidad que dura un parpadeo pero te marca para siempre. Si tenés suerte. Sino es como el perro de pelea que no suelta hasta que lo que tiene en la boca no de ja de moverse. Así que claro, pequeño muy pequeño para que el perro no te encuentre.

Cosas que te vuelven de golpe. Flashes cegadores de memoria en carne viva. Cerrás los ojos y te tapás la cara con el brazo en un vano intento de protegerte del resplandor. Porque es adentro. Te pasa adentro y querés huir. Más adentro no, más adentro es la médula y ahí duele como mil demonios sanguinarios. Entonces, decís, afuera. Afuera, ese lugar lleno de Otros que justo hoy son tan amenazantes, presencias que te aluden -y vos querés que te eludan-, memoria de fuego, vos que querías saber -pero hablo de otra cosa.

Porque pasa que esas cosas que te vuelven de golpe, creías que estaban sepultadas. Muertas más bien y vos, que no creés en la resurrección de la carne te ves tan flesh and blood que enloquece. Y lo primero que se te viene a la cabeza es ¡mierda! Y Sara Vaughan cantando Fly me to the moon pero en el infierno.

Y cuando sentís que ya está, que fuiste, una exégesis fuera de foco te pone justo ahí, en el centro de todo lo que te hace humana y también ángel y leviatán bajo protesto o no. Y lo sabés, con una claridad meridiana, que no hay resto para la distorsión. Está en tus manos, sí o sí, poner el norte en el sur y viveversa, como sea que te cuadren los puntos cardinales. De pronto, una rosa de los vientos. Un astrolabio. Una estrella. Esa, la que brilla en la punta de la constelación de Orión.

Entonces la vida te sucede como nunca, como siempre, como a veces. Te sacude hasta el cimiento, te desarma y te vuelve a armar. Un arraigo nuevo te funda, y en la paradoja del arraigo encontrás que la libertad está en las raíces, que fluís en el cauce, que el desborde se hace tierra y vuelve al río y que podés volar sin alas. Es un ciclo. Un proceso. Una tempestad allí donde te habitás. Y hay amor ahí y consuelo. Ganas de seguir creciendo sin dejar de jugar.

domingo, 22 de agosto de 2010

Vos todavía y siempre



Sentada en la tierra fría, noche de lunas blancas iluminando almas. Y miro más allá buscando la tuya, brillando en la panza de alguna luciérnaga sólo para confundir, y decir después que es una broma. No hay una estrella como tus ojos, ni voz suave ni tanta comprensión en una sola persona. Te extraño.

Hago arabescos con las manos, rasgando el aire como si fuera música etérea y frágil. Como miradas vivas en una ausencia que ocupa un espacio en mi corazón. No terminé de llorar por vos, por mí. Por lo que fue, por lo que ya no puede ser. Pero el amor sigue estando y vos brillás en esa dimensión infinita a la que seguro no llamás cielo.

Fugaz, aurora del cielo prometido, azul zafiro, terciopelo, ala de cuervo brillante,amada, amiga.
Fuiste a nunca jamás y volviste porque nunca ya no se mide en tus palabras y jamás es un concepto que no tiene sentido. Fuiste al otro lado del espejo, pero no jugaste al ajedrez. Decidiste maravillarte y le robaste el reloj al conejo total él no lo necesitaba y vos tampoco. Pero fuiste reina y gato y oruga y qué bien te quedó el sombrero.

Me dolés acá, tanto como me alegrás -porque el tiempo compartido fue fecundo y lo hicimos florecer- pero necesito sacarte en lágrimas para guardarte en la memoria.

viernes, 20 de agosto de 2010

Fracturas en la aldea intelectual -Santiago Kovadloff-

Alguna que otra frase de las dichas por Kovadloff me dolieron en mi corazón militante, pero como acuerdo con sus palabras, acá van para quien las quiera leer:

No diría yo que son cada vez más, pero sí que se me hacen cada vez más evidentes. Me refiero a quienes disocian, sin conflicto y en voz alta, los actos de corrupción en los que abunda el Gobierno, de aquellas iniciativas que despiertan su apoyo. Son músicos y poetas, periodistas y filósofos. Los hay también docentes y psicoanalistas, actores y sociólogos. A muchos los conozco; algunos son muy cercanos. Integran esa franja de la clase media escindida entre quienes se sitúan en la orilla política que mira con entusiasmo la gestión kirchnerista y aquellos que, como yo, ocupan la opuesta.

Si algo reprochan estos amigos y conocidos a quienes no pensamos como ellos es el hecho de colocar, en el centro de nuestro diagnóstico y en la base de nuestra disidencia, lo que no conciben sino como irrelevante cuando no como inexistente. No advertimos o no queremos advertir, se nos dice desde ese sector, que lo fundamental es lo inédito aportado por los Kirchner. Y que, a la luz de lo inédito, lo viejo y usual no sólo es un mal que viene de muy lejos, sino que tiene muy menguada incidencia en el curso innovador que van tomando las cosas, desde el año 2003 en adelante.

Lo nuevo, aseguran ellos, es que este gobierno y el que lo precedió supieron contribuir al despliegue del progresismo en la Argentina. Promovieron con energía su renacimiento. Lo han afianzado. Le han devuelto vitalidad a una izquierda que, desde el peronismo conducido por Néstor Kirchner, restauró los ideales de justicia social. Lo viejo, admiten algunos, subsiste todavía. Hay corrupción, reconocen. Hay delito. Hay prepotencia. Se trata, explican, de una vertiente anacrónica y enancada en lo novedoso, que busca, como puede, recuperar el protagonismo que perdió. No obstante, ninguno de estos rasgos definen, según tales comentaristas, la dirección que la pareja presidencial logró infundir a la política argentina. Corrupción hubo siempre, enfatizan. Y el hecho de que aún persista no significa que su espesor real, en el oficialismo, sea el que la oposición se empeña en atribuirle. Una oposición ensañada, dicen, en obstruir las iniciativas valiosas del Gobierno y desconocer por todos los medios sus aciertos.

Estos amigos y conocidos no dudan de que el progresismo debe asegurarse como sea el curso fluido de su marcha ascendente. Las contradicciones que puedan irrumpir en esa marcha lejos están de afectar su coherencia. Por el contrario: ellas sólo pueden pasar por esenciales e intolerables donde no se aprecia el empuje transformador que las genera. Donde no se quiere ver el sitio periférico que, en verdad, ocupan dentro del proceso de cambio que se está llevando a cabo en la Argentina.

Al confundir lo sustantivo con lo superfluo y convencional, quienes piensan como yo lo hago terminan por obstaculizar, me dicen, el desarrollo de lo necesario y por convertirse, queriéndolo o no, en reaccionarios. Tal es el diagnóstico con que estos amigos y conocidos caracterizan a los adversarios del régimen de turno, al que pronostican, dicho sea de paso, una larga vida en el poder mediante el legítimo mecanismo de las elecciones sucesivas.

¿Cómo no oír en estas voces de hoy las desgastadas consignas redencionales de ayer, reacias a aprender las lecciones que deberían impartirles sus fracasos reiterados y su constante impopularidad? ¿Dónde arraiga la resistencia al cambio? ¿Dónde se denuncia lo ciego y senil o dónde se aspira a presentar como eternamente remozado lo irremediablemente envejecido?

Es cierto: esto vale también para los opositores. Ninguno de ellos llegará a ser lo que debe si no deja de parecerse a lo que fue. Pero, para muchos de nosotros, vale ante todo para el oficialismo. Un oficialismo que no logra enmascarar su vocación autoritaria por más que se empecine en simular que no la tiene.

La indiscutible evidencia de que la crisis del año 2001 desnudó las fragilidades del capitalismo local y contribuyó a profundizar el descrédito de la endeble democracia en que vivimos volvió a cebar los viejos sueños apocalípticos. Son esos mismos sueños los que hoy reflotan, impermeables a las pruebas que arroja la década pasada y, en especial, a las que sembró la trayectoria acomodaticia del peronismo después de que Menem lo liquidó como expresión de una ideología nacional y popular. En su reflorecimiento, esos sueños se empecinan en concebir a los Kirchner como líderes de una tendencia en la que se reconcilian ética social y eficacia política. Son ellos, auguran sus adherentes, quienes han comenzado a desplegar el proceso que sabrá superar el republicanismo insustancial en el que estamos atrapados. Ellos y nadie, sino ellos, son quienes impulsan el advenimiento de una sociedad por fin liberada de sus oligarquías y corporaciones ultra conservadoras, así como de la incidencia de los partidos agusanados que tanto hicieron para que el país no prosperara, desde que se puso fin al último régimen militar. De sus ruinas, se profetiza, nacerá una sociedad más justa y promotora de un intenso protagonismo de los sectores hoy marginados del trabajo y de la educación.

Hay, en suma, un fin supremo y el logro de ese fin valida todos los medios: matonismos a lo D´Elía y Moreno. Oscuridades a lo De Vido. Presiones a lo Moyano. Subestimación implacable del federalismo. Valijas, tragamonedas y diplomacia paralela. Abierta y desenfrenada multiplicación de bienes privados durante el ejercicio de la función pública. Caja y compra de voluntades. Negación de la inseguridad. Desprecio de la política. Autoritarismo o nada.

Corrupción hubo siempre, prosigue adoctrinando la letanía, esta vez en la voz enfática de un profesor de historia con el que llevo años desencontrándome con afecto. Lo que no siempre tuvimos, insiste, fueron dirigentes tan volcados, como ahora lo están los Kirchner, a la causa del pueblo.

No logro disimular mi desconcierto ante esta entusiasta subestimación del delito, la magnitud de la pobreza y la prepotencia. Pero la intransigencia despertada por mi lectura de los hechos recrudece cuando digo que Néstor Kirchner odia la política democráticamente entendida. Que aspira a destruir todos los matices ideológicos que se atrevan a relativizar el alcance de sus propios planteos. Que quiere un parlamento sumiso. Que el pluralismo lo angustia y no sólo lo preocupa. Que únicamente la uniformidad encolumnada detrás suyo lo serena. Que la nueva y próspera aurora con la que sueña exige un dilatado escenario de silencio.

La discrepancia y el hartazgo que solemos provocar los que pensamos de este modo se transforman, por último, en franco rechazo, por parte de mi historiador, cuando le manifiesto que, a mi juicio, los Kirchner nada tienen de auténticos peronistas y sí mucho, por no decir todo, de empresarios del poder. Buscan administrar una estructura vacía de conceptos en la que sólo en minoría subsisten las ideas. Allí se agolpan, en cambio, los gerentes, los subgerentes, los jefes de despacho y una diligente burocracia. Donde ayer importaban ante todo los planes quinquenales y se leía con pasión La comunidad organizada , hoy no se aspira más que a una jugosa rentabilidad personal y a lo sumo corporativa. Lejos de avergonzarlos, el negocio del peronismo entusiasma a los Kirchner y no están dispuestos a dejar que nadie se los arrebate.

Lo fatigo, es evidente. La sensibilidad de mi buen amigo se ahoga en estos planteos, a los que sólo por educación se limita a llamar formalistas. Se incorpora, sin dejar de mirarme severamente. Quiere que advierta tanto su fuerte desacuerdo como su cansancio irremontable. Se niega a que yo pague la cuenta. Mientras lo hace, le digo, abusando ya de su paciencia agotada, que Néstor Kirchner ha sido, en mucho tiempo, el más hábil constructor del hiperpresidencialismo que hoy traba el desarrollo de la República. Cuando me escucha, sonríe. Apoya ambas manos sobre la mesa y repite lentamente, inclinándose hacia mí, la frase que acabo de decir. Pero, al hacerlo, la limpia del pesar con que yo la formulo, y la enuncia con un fervor incontenible. El fervor de quienes estiman como un bien lo que yo, entre tantos otros, considero una tragedia.

© LA NACION

martes, 17 de agosto de 2010

La tecnología empelotudece

Me hace reír cada vez que me lo mandan :Þ

Estar en el 2010 implica que…

1. Accidentalmente tecleás tu contraseña en el microondas.

2. Ya no jugás solitario con cartas verdaderas hace años.

3. Tenés una lista de 15 números telefónicos para ubicar a tu familia de sólo 3 miembros.

4. Le enviás un e-mail al que se sienta a tu lado.

5. La razón que tenés para no estar en contacto con tu familia es porque ellos no tienen correo electrónico.

6. Te quedás atorado en el tráfico y usás tu celular para ver quién está en tu casa.

7. Cada comercial de televisión tiene su página de Internet en la parte de abajo.

9. Salir sin celular, el cual no habías tenido durante tus primeros 35 años de vida, te hace entrar en pánico y regresar a buscarlo.

10. Te levantás en la mañana y te conectás antes de tomar tu café.

11. Ya no contás chistes... ahora los REENVIAS.

12. Mirás a tu alrededor para que nadie te sorprenda sonriendo como idiota frente al monitor.

13. Peor que eso, ya sabés a quien le vas a enviar esta gilada que estás leyendo..

14. Estás tan ensimismado leyendo esto que no reparaste que faltó el número 8 en la lista..

15. Regresaste para comprobarlo, efectivamente no está y otra vez sos un pelotudo

16. Ahora te estás riendo de tí mismo. ¿por qué será? (pss pss.. por pelotudo claro).

17.. Y no digas que no!! hacele pasar un momento divertido a tus amigos,reenvialo y si no lo hacés, no te preocupés no te va a pasar nada

miércoles, 11 de agosto de 2010

Hermanolibro



Siempre pensé en los libros como amigos, esos hermanos elegidos. Pero esa idea nunca tuvo consistencia real hasta que lo conocí a él.

Apareció un día en mi blog y nos adoptamos mutuamente después de un breve lapso de reconocimiento. Breve porque las almas que andan juntas desde eones no necesitan mucho rato para darse cuenta y decir "¿queacé, quiubo?".

Posto va, posto viene, un buen día, con esa humildad rayana en el menosprecio, me cuenta un sueño, de esos que que tenemos desde chicos y nos hacen imaginar despiertos en la noche un sinfín de maravillas. Él quería ser escritor. Él es escritor. Él es mi bráder. Bráder del alma, hermano elegido, mi hermanolibro.

Y acá está, de tapa presente, "Barrido bajo la alfombra", y si bien Gaby, Unin, Gabriel, bráder -como sea- es, digamos, el dueño intelectual, yo también me siento un poco dueña, "complice" como me escribió en la dedicatoria (lo voy a hacer guita cuando te hagas famoso, sabelo) de este logro y no sólo porque escribí lo que está en la contratapa y en el prólogo o algo así, esas cosas me exceden, sepan comprender.

Cuesta menos de lo que vale porque es como intentar ponerle precio a un hijo, y si lo quieren comprar, me lo piden. Les aseguro que "Barrido..." es un buen compañero de camino.

Bráder, me siento muy orgullosa de vos, porque al fin te estás queriendo y cuando hacemos eso, vivimos la vida que siempre quisimos.

Ahora te espera otro desafío, seguir escribiendo. Porque es mentira que sólo se puede escribir, que las mejores obras salen cuando se tiene el alma rota o llena de ansias por deseos insatisfechos. Y sabé esto también, así como te rompí las pelotas para esto, te las voy a seguir rompiendo para que vuelvas a usar esas manos preciosas que tenés para hacer lo que mejor saben: contar historias.

Te quiero.

PD: supongo que Sun sabrá de otros usos de tus manos... chancho'emierda, esas cosas no se le dicen a una hermana así que cashate y escribí.

viernes, 6 de agosto de 2010

Simplemente, escuchen.





Y si quieren búsquenle el sentido a la animación, interprétenla como mejor les salga o sean ustedes los que evoquen su propia vida.


Música: "Comptine d'un autre été: l'après midi" composed by: Yann Tiersen
Animation by Aidan Gibbons