miércoles, 10 de noviembre de 2010

La homofobia

Yo soy la chica a la que corrieron de su casa porque le confié a mi madre que soy lesbiana.

Yo soy la que tiene que trabajar como prostituta en las calles porque nadie contrataría a una mujer transexual.

Yo soy la hermana que abraza a su hermano gay durante sus noches llenas de lágrimas y dolor.

Nosotros somos los padres que enterraron el recuerdo de su hija mucho antes de tiempo.

Yo soy el hombre que murió solo en el hospital porque no quisieron dejar que mi pareja de 27 años entrara a la habitación.

Yo soy el niño recogido que se despierta a media noche de las pesadillas donde me alejan de mis dos cariñosos padres, que son la única familia que he tenido. Desearía que me adoptaran.

Creo que soy uno de los que tuvo suerte, sobreviví al ataque que me dejó en coma por tres semanas, y en un año dicen que podré caminar de nuevo.

Yo no soy que tienen suerte. Me suicidé poco antes de terminar la preparatoria. Simplemente era demasiado que aguantar.

Somos la pareja a la que la señorita de la inmobiliaria les colgó el teléfono cuando escuchó que queríamos rentar un departamento de una habitación para dos hombres.

Yo soy la persona que nunca sabe que baño usar si no quiero que me envíen a los guardias de seguridad.

Yo soy la madre que tiene prohibido visitar al hijo que di a luz, cuidé y crié. La corte parece pensar que soy una mala madre porque ahora vivo con otra mujer.

Yo soy la sobreviviente de violencia doméstica a la cual el sistema legal le dio la espalda cuando se enteró de que mi pareja abusiva también era una mujer.

Yo soy el sobreviviente de violencia doméstica que jamás recibió apoyo del sistema por ser un hombre.

Yo soy el padre que jamás abrazó a su hijo, porque crecí asustado de mostrarle afecto a otro hombre.

Soy la profesora de Economía Doméstica que siempre quiso enseñar Educación Física, hasta que alguien me dijo que sólo las lesbianas hacen eso.

Soy el hombre que murió cuando los paramédicos dejaron de tratarme al darse cuenta de que era transexual.

Soy la persona que se siente culpable porque sabe que podría ser mucho mejor persona si no tuviese que lidiar con el odio de la sociedad.

Yo soy el hombre que ha dejado de ir a la Iglesia. No porque no crea, sino porque le cerraron las puertas a los de mi clase.

Soy la persona que tiene que esconder lo que este mundo necesita más: amor.

Soy la persona temerosa de decirle a sus cariñosos padres cristianos que ama a otro hombre.

-Lo encontré en un perfil de FF. Si creés que la homofobia es mala, difundilo-

6 comentarios:

GABU dijo...

Me identifican muy mucho esas palabras!!

Para la mayorìa no es nada sencillo aceptar al otro tal cual es,asì que 'maginàte cuando a eso hay que sumarle gustos o elecciones sexuales...

P.D.:Y sumàndole historietas a mi anecdotario de vida,hace unos dìas conocì a un muchacho que en su discurso aclaraba: "sì,soy gay,somos una raza diferente",me causò mucha gracia escucharlo decir algo semejante a lo que le asestè: sos una persona punto,basta de andar con aclaraciones que oscurecen! ;)

BESOTIP

submarino dijo...

interesante combinacion de frases.

si en occidente es dificil, imaginate lo que sera en otras zonas del planeta.

Uninvited dijo...

Soy un hombre que dejó de ir a la iglesia... ahora soy feliz :)

Dosto dijo...

Muy bueno Alex! El elegir a quien amar no te hace diferente de las demás personas, pero la sociedad está acostumbrada a prejuzgar, a encasillar...

Luisa dijo...

Cuando se reconoció legalmente la unión entre homosexuales, lo único que se me vino a la cabeza, fue la imagen de una historia que viví en segundo plano, pero muy de cerca, estábamos en la sala de un hospital y allí, con nosotros un hombre que no se despegaba de su asiento, de día y de noche -a veces ni comía,lo ví con la misma ropa desde el primer día -supuse que ni a su casa había podido ir- (nosotros con Daniela,yo estaba "hospedada" a tiempo completo con ella, asi que me daba cuenta de todo lo que pasaba en la sala de espera). Estuvo sin exagerar 4 días, esperando a que le dieran "permiso" de permanecer junto a su compañero que moría de un cáncer, estuvieron juntos más de 28 años, pero no pudieron compartir sus últimos minutos por no ser "familia" o cónyuge...No se lo dieron. Sólo horas de visita y al final, al 3er día, que entró en terapia intensiva, tampoco eso,ni un minuto dentro si no acreditaba su parentezco. Una tarde me lo contó, pero no podía (ni quería,creo) hablar mucho. El día que murió su compañero lo supe por una "amiga" enfermera que también hacía turnos en c.i para mayores y en los de bebés, donde estaba Daniela. Salí a buscarlo, lo encontré en la sala. Lloró, lloró mucho. Tanto que no me atreví siquiera a acercarme.

Luisa dijo...

y ahh, de la familia debidamente acreditada, ni sus luces. Desde que fueron pareja, los dos fueron desterrados del ámbito familiar.
En fin.