jueves, 28 de octubre de 2010

Un político sin herederos -Santiago Kovadloff-

La muerte suele obligarnos a tender un manto de piedad, a perder, por un momento la visión dicotómica de la vida y de las cosas, por un momento suspende el blanco y negro. A veces la muerte consigue un bonito sepia acorde a las circunstancias. El pasado es sepia.
Como decía ayer en el FB de Ginger, ante la frase de alguien:"se fue un líder político que pasará a la historia", se admitirán al menos dos interpretaciones de esa frase,  tienen razón, -le comenté- el cómo...distintas vertientes ideológicas dirán y fundamentarán su visión.  Lanata lo dijo así: "Néstor Kirchner ha muerto y el pasado, ahora, se convirtió en anécdota: la avidez que lo empujó al precipicio será avaricia o entrega generosa, según la historia y quien la escriba".

Y ahora, las palabras de Kovadloff, que no son obsecuentes con la muerte y son consecuentes con su honestidad moral e intelectual:

NO faltarán los insensatos que celebren su desaparición. Son ciegos y no sólo insensibles. No sólo impermeables al dolor personal; impermeables, además, a las graves consecuencias políticas que esta desaparición abrupta acarrea a la República. Porque con Néstor Kirchner no murió ante todo un ex presidente, sino el político más poderoso del país. Quiera Dios, por otra parte, inspirar a la presidenta de la Nación y a quienes suelen aconsejarla para que, en sus pronunciamientos venideros, no hagan de este episodio tan penoso una fuente de espurias rentabilidades políticas. La moderación que necesitamos desde hace mucho hoy es más indispensable que nunca.


No, la muerte de Néstor Kirchner no beneficia a nadie. Obviamente, no beneficia al oficialismo. Pero tampoco favorece a la oposición. Es, definitivamente, un acontecimiento desgraciado para la democracia argentina. La magnitud de las incertidumbres que genera no puede, todavía, ser debidamente inventariada. Pero es y será, sin duda, determinante. Y su incidencia puede resultar agravada por quienes no vacilen en hacer de lo sucedido un uso demagógico. Al igual que en el caso de Juan Perón cuando falleció Eva Duarte o en el de Isabel Martínez cuando murió Juan Perón y en el más reciente de Ricardo Alfonsín cuando falleció su padre, Cristina Fernández se verá investida con los atributos con que la justificada conmiseración pública y la idealización inevitable suelen coronar a quienes, por una u otra razón, se convierten en deudos eminentes de las grandes figuras desaparecidas. Eso es comprensible. Pero también lo es la inquietud de quienes temen que esa piadosa cercanía y esa solidaridad pasen a ser instrumentadas ideológicamente por quienes suelen valerse del dolor de la gente para afianzar su poder.


La muerte de Néstor Kirchner va a acelerar la fragmentación del Frente para la Victoria. Provocará, es predecible, tensiones y enfrentamientos entre sectores que se disputarán a brazo partido la condición de cabales representantes del ex presidente difunto. Pero lo cierto es que Néstor Kirchner no deja herederos. Su liderazgo siempre fue excluyente y no inclusivo. No faltarán, sin embargo, quienes se empecinen en presentar a Cristina Fernández como su legataria. Se equivocarán. La Presidenta fue su aliada. La única persona que estuvo situada en un pie cercano a la igualdad con él. Pero él no la preparó para recibir su herencia imaginaria, sino para preservar su capital político mientras él, en un cono de sombra más que tenue, seguía ejerciendo el poder.


Néstor Kirchner jamás renunció a su liderazgo. Como otras figuras de nuestra historia, fue un dirigente solitario. Defensor avaro y feroz de su protagonismo. El verticalismo fue su norma; la transversalidad, su máscara. Por detrás de la retórica del compañerismo ejerció siempre, rudamente, una implacable hegemonía personal.


Néstor Kirchner murió en su ley. Su muerte impacta, conmociona, pero no sorprende. Fue una muerte anunciada. Jamás retrocedió ante la adversidad ni ante sus adversarios, a los que concibió únicamente como enemigos. Tampoco el riesgo de la muerte lo arredró. Hacía ya mucho que desdeñaba las advertencias de su cuerpo enfermo. Ellas eran inaceptables para él. En todo, la desmesura fue su norma. Homero supo distinguir entre la osadía y el coraje. Muchos dirán que Néstor Kirchner fue un hombre de coraje. Tal vez. Como político, lo caracterizó mejor la osadía. Los límites ofendían su omnipotencia. Sobran los ejemplos desde el año en que asumió por primera vez la gobernación de Santa Cruz hasta el aciago día de ayer, empañado para todos los argentinos por su muerte.


Quienes no coincidimos con él hubiéramos preferido que lo derrotara la democracia y no la muerte. Pero acaso no resulte exagerado afirmar que él prefirió la muerte. El desenfreno, repito, fue su rasgo distintivo. Kirchner podría haber sido un personaje elocuente de cualquier tragedia griega. Y, como en una tragedia griega, su desaparición no resuelve el conflicto, sino que viene a complejizar aún más el significado de la trama que caracteriza la difícil situación argentina.


Se esté a favor o en contra de lo que hizo y significó Néstor Kirchner, su desaparición es una desgracia que nos afecta a todos. La fragilidad institucional de la Argentina recibe, con su muerte, un golpe más y uno de los más hondos desde el retorno del país a la vida constitucional. El vacío que deja es el que generan los caudillos cuando se van. Mientras gobiernan, aspiran a serlo todo. Cuando pierden el poder y, como en este caso, la vida, ya nadie los representa. © La Nacion 

13 comentarios:

Artus dijo...

q' decir? Kovadloff lo ha expresado bien..., ahora sólo nos queda ver como se reparten los restos del muerto y apechugarla (como venimos haciendo desde hace tiempo)

hasta otra vez

Alex dijo...

qué frase Artus, "ver cómo se reparten los restos del muerto".

Uninvited dijo...

Homero no podría distinguir una Quilmes de una Budweiser, qué vienen con eso del coraje y la osadía?
¬¬

Maktub dijo...

Es cierto que a veces se necesita tender un manto piadoso cuando aparece la muerte y no me parece mal que así sea pero nosotros no sabemos de medias tintas, somos hijos de lo extremo. Al igual que vos Alex, me impactó la frase de Artus.
Lo único que deseo de corazón es que lo que suceda sea para nuetro bien como país, pueblo y nación.

bosquedepalabras dijo...

Amigos, queridos... yo solo veo brilla las dos palabras que se repiten por todas partes:
moderación y desmesura (las nombro en orden de aparición sin preferencias personales expuestas. No me corresponde, soy chilena.)
Y si cuando se ve a un amigo en una fase complicada, que el mismo nombra sus preocupaciones, una verdadera amiga deja en paz que hagan su proceso.
Un beso a todos y que encuentren lo que buscan.

GABU dijo...

Tal vez ayer formè parte de esos ciegos que esbozaron una sonrisita cuando se enterò...

Al pasar las horas,la sonrisita se me iba borrando y comencè a pensar en què seria lo que se nos vendrìa a cuestas primero!!

P.D.:Quizàs mi cinismo me impide ver la desgracia de esta pèrdida humana por ahora,porque lo verdaderamente desgraciado seràn los costos que pagaremos en un futuro no muy lejano...

Asumo que se fue un lìder,pero tambièn un terco duro de roer!!

BESITO A PASITOS DE LA PLAZA :/

Alex dijo...

Lo que pasa es que Lisa no estaba en esa época, Unin, y Bart tampoco. Qué le vamos a hacer.

maktub, lo primero que pensé ayer cuando me enteré fue "ahora Cristina tiene la oportunidad demostrar que es lo que fue un cuadro político de verdad -más allá de las coincidencias ideológicas- y se pueda sacar de encima a Fernandez, a Moreno, a Moyano, a D'Elía y empezar a gobernar sin crispaciones y sin enfrentamientos." Además va a tener el handicap de la misericordia, si no lo aprovecha sería una tonta. Pero tengo que recordar que Néstor, me guste a mí o no, fue su esposo, el padre de sus hijos, con él fundó una familia y un proyecto que la llevó a ocupar la máxima investidura que un pueblo puede otorgar.
Detesto su gobierno y su manera de hacer las cosas, pero está ahí por el voto popular. Y más detesté a Néstor. Yo creo que la política, como yo la entiendo, ganó con su ausencia. Lástima que se deba a la muerte y no a la reflexión.

Gracias Pal!!!

Gabu, mi respuesta a Maktub también es para vos.

DudaDesnuda dijo...

"Detesto su gobierno y su manera de hacer las cosas, pero está ahí por el voto popular. Y más detesté a Néstor. Yo creo que la política, como yo la entiendo, ganó con su ausencia. Lástima que se deba a la muerte y no a la reflexión."

¿Gana con su ausencia?

¿Lo decís vos o Fraga???

¿Fuiste a la Plaza?
¿Estuviste con la gente?
Son iguales a vos, Igualitos.
Iguales a mi.
Lástima sentirte lejos.

Besos y tristezas

Alex dijo...

Silvia si recortás sólo lo que te impacta, qué puedo decirte. La gente es gente, algunos son K otros no, otro radicales, otros peronistas, y eso es solamente algo que tiene que ver con banderías políticas, no nos definen, si sintiera que una bandería política me define y define al otro, no podría querer y respetar a la gente que quiero y respeto.
Realmente detesto el gobierno de los K, me parece que es una de las peores cosas que le pasó al país, por un cúmulo de cosas en las que no vamos a estar de acuerdo jamás. Creo que K le hizo mal al PJ, que terminó lo que empezó Menem y desde ese lugar siento que su ausencia beneficia, pero como ya dije, no desde la muerte.

Soy tan visceral como vos ¿en vos está bien y en mí está mal?

Besos

mi otro yo dijo...

A mi la muerte de este politico no me movio un pelo pero eso me llevo al cinismo de decir y pensar: "Cristina saldrá hacer actos regalando cosas mientras este el velorio. Como lo hizo mientras estaban velando a victimas de la inseguridad, de la desnutrición y otros tantos males que ella se hace la que no ve"

En fin no tengo pensamientos amables con todo eso.

Alex dijo...

Somos dueños de nuestros pensamientos, somos dueños dueños de expresarlos en voz alta, tenemos la obligación de respetarnos aún en el disenso si creemos en algo llamado civilización y si creés en algo llamado política. Ahora, si preferimos los códigos salvajes, es otro cantar.

A mí la muerte de NK no me produjo nada en el sentido de que no era una persona significativa para mí. Como ya dije en otro lugar, su muerte no me causó placer ni alegría ni dolor. Sin embargo, sí me conmovió Cristina, desde lo más absolutamente personal, como mujer, me conmovió la imagen de ella con sus anteojos negros, por primera vez en mucho tiempo sin esa crispación permanente en la cara, sólo dolor, y sus manos acariciando el cajón. Como dije más arriba, fueron una pareja sólida, que habrán tenido sus altas y sus bajas como cualquier matromonio, que fundaron una flia y llevaron adelante un proyecto que los convirtió en presidentes de nuestro país, desde mi perspectiva, como el orto, desde la perspectiva de los que coinciden, genial. Entrar en la discusión de a ver quién tiene razón es estúpido, inconducente y estéril.

besitos Sol.

mi otro yo dijo...

Nadie tiene razón solo habrá que respetar la mujerte, esforzarme, en eso por loe menos yo. Y acordarme, frente a ciertos actos, que vivimos en una civilización.

Temando un beso enorme!!

Alex dijo...

mirá qué condensación te salió: mujerte!!!! Lo parió, el inconciente es fabuloso.
Exacto, frente a ciertos actos tenemos que acordarnos de eso, esa es la acitud, te mando otro y con abrazo :)