martes, 31 de julio de 2007

Carajomierda, no crezco más

No sé qué hacer con tantos darme cuenta.
(Para desmitificar mi propia opinión que dice así: los hombres no crecen ni maduran, cumplen años. Bueh, aplica para mí. Un año más y nada)

domingo, 29 de julio de 2007

Somos

Los niños son re aristotélicos, según Rogers tienen "una tendencia innata a actualizar las potencialidades de su organismo".

(niña Alex, si estás ahí, qué estás esperando???)



martes, 24 de julio de 2007

¿Qué existe?

  • existe la liberación de las endorfinas
  • sustancia llena de accidentes: yo te sujeto y te predico

  • la materia y la forma transfigurándose, informándose,
  • sin posibilidades de ser separadas
  • (una lengua de fuego dejando rastros en la piel, materia
  • de tu espléndida forma)
  • acto y potencia, una actualización constante de tu materia que crece
  • y luego reposa, pero siempre con la potencia de ser más mientras su forma cambia y sigue siendo
  • este momento, este cuerpo, esta razón
  • endorfinas liberadas, inmóviles, y sin embargo generadoras
  • del juego que nos pone en constante movimiento
  • y puedo conocerte con mis sentidos
  • sin separarte de mi pensamiento
  • una episteme húmeda y acalorada
  • una sed insaciable de sabiduría
  • que no se agota nunca
  • porque es siempre
  • y me encanta

jueves, 19 de julio de 2007

Y se fue

Pero está acá y también acá.

"Usted no está gorda, Eulogia. Es un bastión contra la anorexia
apátrida".

Inodoro Pereyra

El adiós de Mich y el de Gaby y el de tantos más. Chau Negro.


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sábado, 14 de julio de 2007

El primer beso (lean el apdeit)


Tenía catorce años recién cumplidos. Él tenía dieciséis y era hermoso. De una hermosura injusta en un varón pero al mismo tiempo varonil.

De él recuerdo tres cosas: la voz profunda y melodiosa. Los ojos verdes más espectaculares del mundo con el borde azul, así que el lugar dónde el azul y el verde se juntaban lanzaba chispas turquesas que me encandilaban. Y la boca. La perfección de esa boca competía con la boca más soñada que puedan querer en un hombre. De una sensualidad infinita, bien recortada, proporcionada y llena. Esa boca aprendió a besar con la mía y la mía con ella.

El primer beso me lo dio en la plaza de Banfield. El cielo estaba de un azul sucio en esa tarde de otoño y el banco, frío. Estábamos un poco separados y nerviosos. Quietos y callados. Las manos húmedas entrelazadas y los cuerpos en tensión tratando, torpemente, de acercarse.

Cuando por fin nuestros cuerpos lograron reunirse, él estiró la mano y me acarició la cara. Recorrió la mejilla, me alborotó el pelo mientras el pulgar hacía presión en mis labios entreabiertos. Sus ojos fijos en los míos y el aliento cada vez más cerca y agitado. Inclinó la cabeza, su boca atrapó la mía y el tiempo se detuvo. Y el deseo primitivo estalló en la sangre que se agolpó en cada parte sensible magníficamente amplificada por esa primera vez llena de misterio y anhelo.

Mientras duró, los besos que siguieron fueron así, siempre. Fueron la medida de todas las cosas, de las presentes y de las por venir. Se convirtieron en el modelo. Un beso que no pudiera entrar en la categoría del primero y la relación no prosperaba.


Ese beso tardó cuatro años en manifestarse. Yo me enamoré de él a los diez años. Él tenía doce y vendía helados en la bici. Todas las tardes mi mamá le compraba uno para mí y otro para mi hermana y todas las tardes yo le escribía una cartita que mi primo le llevaba. La respuesta llegaba al día siguiente. Y a medida que crecíamos, lo que creíamos sentir se multiplicaba tanto que sentíamos que nos ahogábamos. Esos cuatro años fueron una agonía.

Madre jamás entendió cómo de la nada el muchacho de la vuelta de casa se apareció el día de mi cumpleaños número catorce con un ramo de flores, todo emperifollado y con regalito para mí. El asombro le abrió la puerta, sólo eso. En otras circunstancias, no hubiera pasado un escalón.

Ese día me pidió que fuera la novia y le dije que sí.

Tres meses y diez mil besos después nos dijimos adiós.


Pero a tus besos los llevo guardados en la memoria del alma y de todos mis sentidos.
apdeit: dice Uninvited, y a mi me parece bien, que todos hagan un posto de la primera vez. El que no quiera de la primera vez, hace uno del primer beso. Esto es libre albedrío, pero sería lindo llenar la matrix de experiencias sensibles, no?

miércoles, 11 de julio de 2007

Un año después


Amor profano existe desde hace mucho tiempo, primero fue pensado como una revista de papel. Después lo diseñé como una revista virtual. Finalmente, en el 2005 se convirtió en blog. En el 2006 pasó por Bitácoras y el 11 de julio éste fue mi primer post en Blogger.

Pensé que iba a ser un lugar donde poder ejercitar las ganas de escribir dormidas y también una suerte de diario personal casi sin testigos. Nunca creí que me iba retribuir con tanta vida y vida es ustedes acá y allá. En Flores y Bruselas, pasando por Santiago y Madrid y tantas ciudades más. Y pensar que en algún momento renegué de Internet.
Lo que empecé como un camino sin vueltas se transformó en una hoja de ruta llena de bifurcaciones.

Amor profano.
En cada encrucijada un deseo.
En cada deseo una decisión.
Nunca nadie dijo que la vida es fácil.


martes, 10 de julio de 2007

Hasta llegar a mañana


Cuántos pasos hasta mañana?

Uno

Dos

Tres

Reverencia, al costado, al otro, media vuelta y me voy.

Pasos sin nieve de nueve de julio porque ya es diez. Pasos inciertos porque no quiero ir. Pasos atentos a dónde voy a pisar. Pasos que paso y giro y salgo a jugar.

Hasta llegar a mañana, horas. Miles de segundos desocupados de mí y llenos de apariencias y deberes. Horas, miles de segundos para tomar, primero uno y luego otro y después otro y mirarlo con atención. Reconocerle el valor de su momento, pequeñísimo momento al que sólo yo puedo darle sentido. Jugar con él, darlo vuelta, hacerlo girar, dejar que me ruede, permitir que me alcance.

Hasta llegar a mañana quiero ser dueña de cada segundo y sentir los pasos como inspiraciones de susto/alegría/cosquilla de tobogán en la panza.

sábado, 7 de julio de 2007

El abanico

Las aspas del ventilador movían un aire pesado en esa hora en que la tarde estalla en colores vivos previos al crepúsculo. Y esa luz caía sobre su cuerpo adormecido formando destellos en la superficie húmeda.
Se movió. Abrió los ojos y un calor líquido le abrasó la piel. Un ruido llamó su atención y se incorporó; el movimiento hizo que la bata se deslizara dejando al descubierto un hombro y sin saber por qué, se lamió la piel, un estremecimiento la recorrió y, decidida, se dirigió al cajón donde lo guardaba.
Lo sacó de entre sus pliegues de papel de seda y de inmediato se aromó en su fragancia penetrante. Una vez más se quedó maravillada contemplando la intrincada belleza de la filigrana de sándalo.
Se paró frente al espejo y jugó con el abanico semiabierto sobre los labios, bésame.
Lo abrió y escondió sus ojos detrás, te amo.
No, eso no es cierto, sólo te deseo, pensó.
Miró su reflejo, la vestidura a medias abierta dejaba ver el hombro, un pezón oscuro y erguido, la suave curva de su cadera, los rizos negros de su sexo. De un golpe cerró el abanico y con la punta tiró de la bata que cayó silenciosa a sus pies. Inclinó la cabeza al tiempo que lo abría y lentamente recorrió su cuerpo dejando trazos fragantes y el deseo a flor de piel.
Y cerró los ojos y te convocó con su pensamiento y acudiste a darle cálida sustancia a los haces de madera, y el abanico fue tu lengua bailando en su sexo y tus manos salvajes dejando tu marca.
Y en esa pequeña muerte que es la arrasadora culminación de la pasión ella sintió que ya es hora de verte.



miércoles, 4 de julio de 2007

Un Platón lleno de ideas (final)

No crean que a Platón no lo complicaban estas cavilaciones, esto de crear una nueva filosofía tiene sus bemoles y si hubiera sospechado las repercusiones que iba a traer en los siglos que siguieron, uf! tal vez no escribía nada.


Quedamos en que había un mundo de cosas que cambian y que ése así como era no se podía conocer, se puede opinar nomás.


Tiene que haber otro mundo, decía Platón, más verdadero, un mundo en el que se pueda confiar, donde las cosas son como son siempre. Un mundo de cosas bellas, buenas, justas, perfectamente cuadradas, redondas, negras, blancas, iguales, etc., etc. Lo había encontrado, había encontrado aquello que es y que además de ser permanece así: siendo. Y lo llamó ideas. Y esas ideas, de las cuales las cosas del mundo cambiante son simples imitaciones, sí se pueden conocer porque lo que no cambia no te engaña y lo que no te engaña se puede conocer muy bien. De él tenemos esta frase "Conocer es recordar" porque creía, realmente estaba convencido de que esas ideas que existían en un mundo aparte eran contempladas por el alma de cada quién y por eso uno cuando veía una manzana, sabía que es una manzana porque la recordaba de antes. Muy loco.

Ahí se quedó, chocho Platón con su mundo de ideas perfectamente perfectas, regidas todas ellas por la más perfectísima de todas, la idea del bien.


Acá hay que aclarar algo más, algo que tiene que ver con los griegos en general, y es que cuando ellos hablaban de algo bueno no se referían a si Juancito se portaba bien o mal y había que hacerle chaschas en la colita si lo hacía mal o felicitarlo si lo hacía bien. Ellos, cuando hablaban de algo bueno querían decir que era bueno para algo, que en ese algo era excelente, que se comportaba de acuerdo a aquello que era su esencia, por ejemplo, un caballo de carreras es bueno corriendo y no tirando de un carro. Así, la idea del bien es la que logra que cada una de las demás ideas cumpla su cometido de ser bella, igual, blanca o negra. Y no sólo eso, sostenía que esa idea, el Bien, funcionaba como si fuera un generador, conseguía que cada cosa fuera lo que tenía que ser y no otra cosa. Un cuadrado es un cuadrado y no un triángulo, yo soy yo y no soy vos y así con todo. Y si bien, en algún momento de la vida, Platón se dio cuenta que había algo que no funcionaba del todo bien en su razonamiento, le dio mucha pena destruir su castillo de naipes y siguió enseñando sus teorías bastante feliz y contento a todos sus alumnos, entre ellos Aristóteles... pero eso es materia de otro cuento que no viene a cuento.


Y colorín colorado esta historia se ha terminado.



Che, parece que en una lectura no neoplatónica de Platón el Fedón es re importante, me enteré el lunes haciendo tiempo en la librería Yenny. No tengo detalles todavía.

lunes, 2 de julio de 2007

Un Platón lleno de ideas (segunda parte)

Platón tuvo que esforzarse sobremanera para encontrar sus explicaciones porque eso de que lo que es "es" le había gustado un montón, le parecía que tenía mucho sentido. Y lo que había dicho el otro señor, eso de que lo que "es" cambia...y bueh...como que era innegable. Así, cuentito va, cuentito viene, Platón dio sus respuestas.

El tema fue más o menos así. Todo lo que uno ve, las cosas, las personas, los animales, cambian; primero son de una manera y luego son de otra y eso es incuestionable, las pruebas están a la vista: acá hay una manzana, pero yo me la como y la manzana ya no está, pero alguna vez estuvo... o no? Sí, estuvo. Así pasa con todo, las cosas están y no están, son y no son. Pero esto a Platón no le gustaba, decía que algo tan cambiante no se puede conocer y si no se puede conocer ¿cómo pueder ser?

Platón se exprimió la cabeza como si fuera una naranja y dijo "Eureka!" Nononono, eso lo dijo otro señor que estaba desnudo en una tina llena de agua, pero ese es otro cuento. Lo que Platón dijo fue: "Ya sé. Hay dos mundos. Un mundo de cosas que cambian, que nacen, crecen y mueren; cosas que están y luego no pero que mientras estaban tuvieron existencia; cosas que son un poquito así y otro poquito asá", por ejemplo este pañuelo que es casi blanco, no es blanco del todo, está mezclado con un poquitito de azul, pero básicamente es blanco. Y mientras daba unas vueltas por la Academia (no, Rácing, no) agregó: "estas cosas son engañosas, no se pueden conocer bien, el ser de estas cosas es imperfecto y lo que es imperfecto se conoce imperfectamente". Más tranquilo con esta afirmación se dispuso a seguir con la descripción del otro mundo y ése fue su gran hallazgo.

domingo, 1 de julio de 2007

Un Platón lleno de ideas (primera parte)

Había una vez, hace muchos, muchos años atrás, un señor que vivía en Grecia y se llamaba Platón.

Como buen griego, Platón iba con el ojo atento a las cosas que veía y a las que no veía también, y se preguntaba como otros antes que él, ¿qué es esto? ¿por qué es así? ¿cómo es que lo puedo conocer?

Un señor había dicho que las cosas son o no son y que lo que no era no existía. Otro señor dijo, todo es y todo lo que es cambia. Y Platón, ante estos pensamientos tan extremos se quedó perplejo. Y se puso a pensar y a pensar y a buscar respuestas.

El maestro de Aristocles (porque el verdadero nombre de Platón era Aristocles y se hacía llamar Platón vaya Dios a saber porqué) era bajito, con cara de mono y su nombre era Sócrates, y era, definitivamente, un señor muy preguntón. Y de tan preguntón y molesto como un tábano que era, las personas que se encargaban de las cosas de la ciudad le dijeron un día: "O te callás o te vas". Pero Sócrates se quedó y siguió hablando y para callarlo le dieron cicuta y Sócrates se murió, no sin antes dejar bien adiestrado a su querido alumno, Platón.

Platón no era como su maestro y se guardó muy mucho de andar por ahí cuestionando a la gente. Hizo otra cosa: se puso a escribir y el protagonista de sus cuentos era su maestro Sócrates. Por medio de él, Platón iba sentando posición, es decir, explicaba las cosas tal como le parecía que eran y así fueron creciendo sus cuentos y eran tan lindos y originales que todavía hoy seguimos hablando de ellos.



Les dedico este cuentito a mis compañeros:
Ceci, María Elena, Susana G, Susana C, Marisa, Alejandro, Eliana, Chari, Fernanda, Marianela, Stella, Zulma, Erica y Texas.





Horrible che


No tener nada pero nada que decir y estar harta de ver ese sombrerito mexicano.


Qué hacen ustedes cuando están así?