miércoles, 20 de septiembre de 2006

Decepciones

Primera decepción de Zoe
-Mami, mami, mirá, soy un pájaro!
Ahí iba ella batiendo los brazos como si fueran alas. Y de pronto se para, los brazos todavía extendidos. Con carita compungida y tono ídem, me dice:
-No cuedo volar, mamá.
(Tal vez no haya sido la primera, tal vez ya haya pensado "en manos de quiénes caí", pero creo que es muy chica como para que se haya dado cuenta de eso, no?)
Segunda decepción de Zoe
Hoy estrenó un vestido de princesa que le hizo mi tía preferida, de brocato y puntillas y enaguas vaporosas. Para complementar el atuendo, madre le regaló una coronita y un cetro muy bonitos. Ella interpretó que el cetro era una varita mágica y apuntó al teléfono y dijo:
- Kalabadul!!!!!...
La misma cara, el mismo tono y agrega:
-No cambia, mami.
(A qué edad le podré explicar que la magia que ella hace no necesita de varitas?)

lunes, 18 de septiembre de 2006

Para ser feliz con los ojos abiertos

No es fácil ser feliz con los ojos abiertos. En el devenir constante del parpadeo estamos obligados a fijar nuestra atención en lo urgente, lo estrictamente pragmático, aquello que está desconectado de nuestros deseos. Muchas veces me descubro haciendo todo rápido para llegar temprano a ninguna parte. Acomodando lo ya acomodado. Sacando brillo a un espejo en el que no me miro. Imaginando cosas que no pasan y sin disfrutar las que sí me pasan. Como si fuera parte de mi rutina hacer columnas de "debe y haber" y vivir la vida según un manual inexistente.
Será que me busco en los lugares inapropiados. Será que me acostumbré a sentirme bien sólo con los ojos cerrados, enroscada en mi interior, allí donde puedo ser más amable conmigo misma. Lejos de las presiones que me ponen a prueba.
Así que quiero que me ayuden a hacer una lista de cosas que me permitan ser feliz con los ojos abiertos, una lista de cosas obvias y disparatadas.
Gracias a Dea, ya sé que quiero una ruleta catamarqueña que dispare confites de chocolate en vez de balas, tener una boca de hipopótamo para embocarlos todos, manos de hada para escribir hasta en sueños e intoxicarme con palabras bellas, como las de ella y las ustedes, por poner un ejemplo.
Y seguro que hay más, sientan, fantaseen, perciban y después me lo cuentan. No me quiero perder nada de esta vida. Y creo que ustedes tampoco.

sábado, 16 de septiembre de 2006

Cecilia

Una más que se va. Por un tiempo, dice.
Qué decirte, pichona. Sí te digo pichona, bebé y lo que se me ocurra porque te lo digo desde el cariño que te supiste conseguir. Porque me sale la madre y por que sí. Porque si algo aprendí en la vida es a no pedir permiso para decir lo que siento y de lo único que me cuido es de que mis palabras no hieran.
Vos y tu dulzura, tu inocencia y tu talante gentil en un mundo en que la dulzura, la inocencia y la amabilidad no cotizan en bolsa ni en los corazones de los hombres.
De lo que me dejaste saber concluyo que tus últimos años no han sido fáciles, que venís cacheatada por la vida y buscando desesperadamente al amor.
No me sale una profecía para vos, será porque no la necesitás, porque te arrullás en tu fe y eso es bueno.
Sólo puedo decirte que aunque parezca que no, tu inocencia es tu fortaleza más grande, porque el cinismo y el sarcasmo son defensas débiles, son corazas que al final del día duelen. Que tu ternura es una puerta grande a experiencias de profunda pasión, porque te va guiar mejor que la lujuria y cuando encuentres ese amor, vas a tener lo mejor de los dos mundos.
Y tu gentileza, nunca la pierdas, pero ser gentil no quiere decir poner irremediablemente la otra mejilla para que te golpeen desde el mejor ángulo, gentilmente podés mandar a unos cuantos a la mismísima mierda con la plena seguridad que se lo merecen. Y también y fundamentalmente, a tu pasado. No es fácil, nada es fácil. Pero al menos, nos vamos dando cuenta.
Voy a extrañarte más de lo que pensás. Tenés cómo comunicarte conmigo y no dudes en hacerlo.
Mis orejas son chiquitas pero escucho bárbaro.
Mucha gente te estará esperando, yo entre ellos.

miércoles, 13 de septiembre de 2006

Identidades

De tanto no querer parecerme a ella, termino no pareciéndome ni a mí.

A la afirmación "Pienso, luego existo" (Descartes y la puta que te parió), le opongo:

"Siento, luego no pienso, existo?" Y así voy por la vida, buscando llaves para abrir puertas, asomándome desde ventanas, bordeando abismos. Buscándome en el centro para encontrarme perdida en un costado.
Justo ahí, agitando un pañuelito blanco como si estuviera ante el soldado enemigo y el pañuelito hablara por mí pidiendo una paz que nunca llega. La cara de desconcierto del tipo que no era el enemigo me dice "Tas loca vos?, limpiate los mocos".
Lo que necesitaba, una alucinación. Sin embargo, la cara está mojada, me sale agua de los ojos. Estoy llorando. Voy a la cocina, arranco una hoja de papel del rollo y me limpio los mocos.
Ya está, mejor.

Nunca nadie dijo que era fácil, no? Si me detengo un momento, que sea para elegir qué dirección tomar, derechaizquierdacentrolaquesea, pero adelante. Atrás no, atrás basta. Atrás no suma.


Prefiero sentir. "Cogito ergo sum", las pelotas!

viernes, 8 de septiembre de 2006

Te sigo

"El destino es el azar en nuestras manos", dijo el gato de Cheshire, o fuiste vos?
Vos y tu disparatada inclinación a la rabdomancia, buscando el secreto que esconden los hombres en sus corazones dispares:

una venganza dormida
una rabia implacable
un amor imposible
un sueño a punto de nacer

Siempre absorto al borde de lo incomprensible, al margen de lo obvio, eligiendo entre todo y nada , el espinoso camino de las ilusiones extraviadas, ese sendero sin nombre ni luna.

Me arranco lo que sobra, una furia triste, un sueño sin cumplir, la palabra que no dije y te sigo. Me hundo en el destino, azar en mis manos.

jueves, 7 de septiembre de 2006

Chirusa y Microcosmos

La conocí hace unos meses pero estaba dando vueltas por acá desde principios del 2005.
Y hoy, sin que nadie le haya mandado carta de desalojo, se fue.
Antes escribí por acá que las personas modifican, de alguna manera, nuestra vida.
Chiru sacó un espejo, me lo puso adelante y yo vi como desfilaba por ahí mi pasado militante (que no es tan lejano), la música, los libros, las películas que aromaron el despertar de la democracia en nuestro país. Mi activismo en la facu, las borracheras, las noches de debates hasta quedarnos sin voz. Los viajes con ticket de ida.
Chiru me devolvió una parte de mí.
Y también se mostró: dura, casi inflexible, fuerte, divertida, rápida y de una sensibilidad abrumadura, de esas que por no estar a flor de piel te conmueven más todavía.

Si te voy a extrañar?
OCVIO, boluda (desde el amor, gracias Duda).

Si espero que vuelvas?
Desde ya. Cuando vuelvas a encontrar qué decir y cómo decirlo. Si tenés ganas.

Si te estoy puteando?
SIP y hasta se me cayó una lágrima.

Te dije que la fragancia de los limoneros me encanta?
Ahora te voy a asociar siempre con ese aroma.

Si algún día te quiero decir algo, tengo tu mail. Si me querés decir algo, estoy acá.
Yo no creo en las despedidas ni en los encuentros casuales.

Gracias.

Microcosmos

Primero puso suspender. Que la facu, que las ideas, que esto, que aquello.
Desde ayer que cuando pinchás el vínculo dice Page not found. Así nomás. Y me quedé helada.
No hacía mucho que leía su blog, menos tiempo que el que tuve con Chirusa. Pero el acierto de su brevedad llena de sentido, sus palabras bellas hicieron que formara parte de mi recorrido indispensable.
Tal vez vuelvas, ojalá vuelvas. Y ojalá tengas el tiempo y las ganas de pasar a dejar un comentario.
Te voy a extrañar. Mucho.
A vos también, gracias huevona (se dice así allá?).

martes, 5 de septiembre de 2006

Una de Dolina

El Bar X

Una noche, el más viejo de los Hombres Sabios, entró tambaleándose a uno de los salones. Con clásica voz de borracho declaró:
-Después que Orestes mató a su madre Clitemnestra, Las Erinias lo volvieron loco. El pobre muchacho mugía como un toro y ladraba como un perro. Había, si bien se mira, cenizas de racionalidad en su demencia. Un loco más completo hubiera mugido como un perro y ladrado como un toro.
Los parroquianos le dieron monedas pero los ladrones se las arrebataron y huyeron al galope. Entonces el viejo volvió a recitar.
-El bar es endeble. Sus muros parecen de piedra pero son de cartón. Para salir basta con no aceptar los caminos señalados por el arquitecto. Hay que desoír el régimen de las puertas y los pasillos y recurrir al agujero liso y llano. Derribar paredes es la estricta solución.
El loro repitió exactamente aquellas palabras.
-Violar las reglas es la forma digna de resolver enigmas capciosos. (Bar del Infierno, Alejandro Dolina)

Sugiero el mismo sistema para rajarse de uno mismo cuando la cosa viene jodida.
O tomar el atajo telúrico: desensillar hasta que aclare.

lunes, 4 de septiembre de 2006

La mesa

Ya tengo los bordes gastados y lustrosos y unas cuantas manchas son parte de mi historia.
Creo que me eligen porque estoy bien ubicada, un poco apartada del resto invitando a la intimidad y confidencias.
No tengo una historia propia, en realidad, sino memoria de historias ajenas. Aquellas de las que fui testigo.
Tengo un don, puedo escuchar más allá de las palabras. Puedo ver las intenciones del corazón. Puedo sentir las verdades y las mentiras no dichas. Y puedo asegurar que las omisiones duelen. A lo largo de los años, he sido abonada con lágrimas y sonrisas. Y pude haber evitado tantas de unas como de otras, si al don de sentir realidades y farsas se le hubiera sumado el de poder susurrar en los corazones este conocimiento inevitable. Porque algunas sonrisas eran pasajeras como también algunas lágrimas.
Tengo un don que me hace sufrir.

Hoy no hay nadie sentado. Y si yo pudiera elegir a las personas que apoyan su existencia sobre mí, elegiría niños. Niños que me cuenten sus sueños de barrilete con sonrisas de chocolate. Niños llenos de deseos inmensos y con la infantil convicción de que se harán, todos ellos, irremediablemente, realidad.

El


El día que me dijiste “basta” algo se rompió dentro de mí. Ese día supe que dejé ir los sueños y tiré a la basura mi permiso para ser feliz.
Pero no podía explicártelo sin que te sonara a hueco, sin que me exigieras o peor, me pidieras con la ternura de tus ojos grandes, una definición que yo no estaba dispuesto a dar. Que no podía dar.
Y me callé. Callé el mundo de mentiras que fue siempre mi vida, callé el pasado que nunca me abandonó, el que por un instante pensé que iba a poder dejar atrás para empezar con vos una vida más limpia. Un presente con olor a futuro luminoso.

Supe, después, que te enteraste de algunas cosas y que en esa encrucijada elegiste un camino sin abismos.

Hace poco te vi. Ibas feliz con una nena de la mano, con tus ojos claros llenos de luz y una sonrisa enorme. Elegiste bien.

Nuestra mesa estaba vacía. Resistí la tentación de sentarme a evocar una vida perdida. Seguramente otra pareja la preferirá para contarse ilusiones y esperanzas.

Ella


El día que te dije “basta”, hacía falta sólo un gesto.
Ese que pudiera atravesar el desamparo y deshacer el nudo de los días.
Sin embargo, elegiste el silencio. Siempre el silencio, como si yo fuera una hechicera capaz de presagiar mañanas a través de la bruma en tu mirada.
El día que te dije “basta” era gris y frío y hostil y dolía, por Dios, cómo dolía.
Después, mucho después, agradecí el silencio. Al callar evitaste una mentira.
Ese fue tu gesto. No lo entendí entonces.

Ya no me siento desangelada, ni taciturna, ni opaca. Ya no le tengo miedo a las palabras.
Ya no espero con desconfianza. Ya no me desintegro en la inercia de días que siguen a noches que siguen a los días que siguen… y siguen…
Ya no duro.

Nuestra mesa estaba vacía, como recién deshabitada, parecía estar esperando nuevas historias.
Ojalá no sea testigo de más lágrimas.