lunes, 4 de septiembre de 2006

El


El día que me dijiste “basta” algo se rompió dentro de mí. Ese día supe que dejé ir los sueños y tiré a la basura mi permiso para ser feliz.
Pero no podía explicártelo sin que te sonara a hueco, sin que me exigieras o peor, me pidieras con la ternura de tus ojos grandes, una definición que yo no estaba dispuesto a dar. Que no podía dar.
Y me callé. Callé el mundo de mentiras que fue siempre mi vida, callé el pasado que nunca me abandonó, el que por un instante pensé que iba a poder dejar atrás para empezar con vos una vida más limpia. Un presente con olor a futuro luminoso.

Supe, después, que te enteraste de algunas cosas y que en esa encrucijada elegiste un camino sin abismos.

Hace poco te vi. Ibas feliz con una nena de la mano, con tus ojos claros llenos de luz y una sonrisa enorme. Elegiste bien.

Nuestra mesa estaba vacía. Resistí la tentación de sentarme a evocar una vida perdida. Seguramente otra pareja la preferirá para contarse ilusiones y esperanzas.

3 comentarios:

Turca dijo...

Guau...!
Soy una convencida de que cuando las cosas no tienen que ser, no son...

Alex dijo...

Y yo acuerdo plenamente: Y te digo, no sabés lo feliz que estoy de estar felizmente instalada en la convivencia con el chief y con mi niña, porque pasar de vuelta por todas estas cosas de desencuentros y desamores...Ya no me da el cuerpo.
Besotes

Cecilia dijo...

Estoy llorando como una B... (inserte aquí una mala palabra)
Es hermoso lo que escribiste.

Besos!!!