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De besos

La mirada previa al beso, cargada de expectativa y sensualidad, me desarma, me sacude y me invita.
No es un beso cualquiera sino ése, el que estrena toda tu emoción, el que te hace temblar de anticipación; el que hace latir tan fuerte a los corazones que ambos escuchan esos latidos desbocados y se acercan aún más. Y ni siquiera apoyaron los labios, tan sólo se acercan mientras se miran fijo la boca, mientras la respiración se agita entrecortada, mientras las manos comienzan a buscar ese cuerpo todavía ajeno. Suben la mirada, apenas, un breve intercambio de reconocimiento. Un relámpago de deseo primitivo y finalmente las bocas se encuentran, se exploran, se unen, se entrelazan.
Nadie mejor que Julio para explicarlo y lo dijo así:

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me mirás, de cerca me mirás, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua. (Capítulo 7, Rayuela, Julio Cortázar)

Quiero esos besos para mí y para vos, siempre.

Comentarios

Anónimo dijo…
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
chirusa dijo…
seeeeeeeee totalmente... una de las frases cursis que adoro es esa que dice
"mirame siempre como si fueras a besarme"
como no morir ante quien te mira de esa manera?
alex dijo…
Tal cual, Chiru, tal cual!
deapoco dijo…
bello, y si, yo quiero también.
beso enorme
(me emocionaste)
Caracol dijo…
Esos besos que te dejan mareado y temblando...
alex dijo…
sì, esos besos...
Cecilia dijo…
Siiiiiiiiiii!!! esos besos mágicos!!!

Hermoso post!!!!


Besos virtuales!! (ja)
zorgin dijo…
aha!
los/as lobos/as aullan en el desierto?
será cosa de encarar en vez de esperar?, tal vez el todos los días ponga un poco de bruma, y no se vea bien, so, una buena sacudida a quien corresponda puede hacer que vuelva a funcionar correctamente...
abresos
Alex dijo…
Hi Zorgin, yo no dije que mis besos compartidos han perdido magia, digo que los quiero con magia siempre. Pero, sí cada tanto debemos sacudirnos leve y mutuamente.
Anónimo dijo…
Cuánto hacía que no leía el capítulo 7. Me dejaste con ganas ahora y es difícil de encontrar la persona indicada.

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