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Entradas

Mostrando las entradas de agosto, 2006

Sueños

Anoche soñé con un patio de casa antigua. Esos patios que estaban a la entrada de la casa, diseñados con formas geométricas en el suelo de cemento coloreado, canteros de bordes enanos que dibujaban un laberinto de flores y plantas aromáticas.
Así era el patio delantero de la casa de mis abuelos paternos. En el fondo había eso, un fondo enorme con una higuera y teros que distraían todo el tiempo con su canto.
De esa casa me acuerdo la sonrisa de mi abuelo, sus pantalones de franela gris, siempre me acuerdo de ese detalle, la franela suavecita y la voz cascada de mi abuelo mientras me contaba el cuento de la buena pipa y yo sentada en sus rodillas mirando un mundo más allá de todas las palabras.
De esa casa me duele su ausencia, porque se fue antes de poder enseñarme el final de tantas canciones, porque se fue sin saber que había aprendido a abrir el broche de colgar la ropa, porque la única explicación de su desaparición fue hacerme mirar el cielo y señalarme una estrella tan hermosa, pe…

La vida por ahí

Este es el nombre de un blog que tengo abandonado en wordpress y que pretendía hablar de lo cotidiano, de lo que veo y siento. Pero el título cobra dimensión acá en este espacio que llamé Amor profano.
La vida por ahí es esto, no sólo lo que pasa afuera de esta matrix sino lo que sucede dentro de ella.
La vida por ahí es la historia de
Carla y Jaime, contada por Caracol; la fuerza de Chirusa; la cosa risueña y pícara de Deapoco; la intensidad de DudaDesnuda; la dulzura de Ceci; el tiempo que transcurre sin prisa en la CantinadeZorgin y las vidas que allí se cruzan; la valentía de Barbarita y su prosa vibrante y por momentos hilarante; la síntesis exacta de Microcosmos; la sencilla belleza de la Turca; la genialidad sarcástica de Bestiaria; la inefable Malizia; los cuentos del Entintado y tantos otros que leo y si sigo esto se hace muy largo.
Todos ellos son la vida aquí y ahora, se han convertido en cotidianos, en algo que espero con ganas porque siempre es nuevo, la única rutina es reco…

Barbarita

Hay gente que me impresiona.
Su blog es como ella, admirable, encantador, fresco, divertido, irónico, leve y profundo, inspirador. Y la admiro porque es lo que yo nunca podría en similares circunstancias.
Hoy conocí a Barbarita, la Chica Murciélago.
Hoy me vinieron a la memoria estas palabras:
Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles. Bertolt Brecht

Nunca supe tu nombre

Le decían “la Gardelita”, por cierto aire arrabalero en los gestos y esa tendencia a arrastrar las palabras y porque le gustaba Gardel, por supuesto. Nadie sabe de dónde vino, un día apareció en la esquina y ahí se quedó. Por las noches alzaba vuelo sin más, nadie sabía hacia dónde.
Escuchaba con atención cada historia que se contaba, miraba fijo la boca y cada tanto a los ojos, como si quisiera aprenderse de memoria las palabras. A veces interrumpía el relato para preguntar cosas tales como “¿cómo se reía?”, “¿y las manos?”; “y la mirada, ¿le llegaba la expresión a la mirada?”. Ella decía que esas cosas eran importantes, que si no se sabe eso no se conoce a nadie realmente. Los fulanos de la esquina la miraban como si estuviese loca, a veces le respondían, casi siempre cualquier cosa. A la Gardelita no parecía importarle que se rieran un poco de ella, que pensaran que estaba loca. Pero estos cuentos me vinieron después, cuando ya ella se había marchado para siempre.
Por mi parte, debo…

De besos

La mirada previa al beso, cargada de expectativa y sensualidad, me desarma, me sacude y me invita.
No es un beso cualquiera sino ése, el que estrena toda tu emoción, el que te hace temblar de anticipación; el que hace latir tan fuerte a los corazones que ambos escuchan esos latidos desbocados y se acercan aún más. Y ni siquiera apoyaron los labios, tan sólo se acercan mientras se miran fijo la boca, mientras la respiración se agita entrecortada, mientras las manos comienzan a buscar ese cuerpo todavía ajeno. Suben la mirada, apenas, un breve intercambio de reconocimiento. Un relámpago de deseo primitivo y finalmente las bocas se encuentran, se exploran, se unen, se entrelazan.
Nadie mejor que Julio para explicarlo y lo dijo así:

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi…

Suerte?

Hoy me levanté bien de pelo. Bien de cara. Bien de mirada. Bien de humor. Bien de sonrisa. Bien de espalda. Bien de bien.
Creo que me levanté bien de alma.

Confesiones en una tarde de lluvia

¿Cuándo empezamos a pensar en nuestra vida como hojas de calendario que sacamos día a día? Tengo tres respuestas: a) después de los treinta y cinco, b) cuando atravesamos una crisis y c) ambas opciones a la vez.
Estas opciones se despliegan a su vez en infinitas derivaciones que ni el analista más avispado va a ser capaz de encuadrar en ningún enfoque clínico. Ni hablar de resolver la neurosis. Así es que comenzamos a andar por nuestra vida, siendo concientes del día a día, aterrorizadas por el paso del tiempo, sin analista que nos banque, sin hombre que nos sostenga, sin familia que nos escuche sin prejuicios. Solas. Y lo que es peor, solas con nosotras mismas.
Sospechamos que la ruina nos acecha a cada paso. No estamos a salvo ni en el santuario más sagrado que la civilización supo inventar: el baño. Allí menos que en ningún lugar, porque allí está el espejo. Grande o pequeño nos espera con su capacidad de observación milimétrica y su total ausencia de piedad. No hay modo de ocul…

Saliendo del letargo

La estupidez me supera. La grosería me supera. La TV nativa me supera. El doctor de mi compu me supera. La tecnología me supera. Que te hagan perder lastimosamente el tiempo me supera. Que nadie pida disculpas nunca me supera. Que nadie diga por favor, permiso y gracias me supera. Grrrrrrrrrrrrrrrrrr...
Pero el frío me encanta. La posibilidad de llegar a casa y que te golpee el aire tibio, la sonrisa calentita de la niña, el saludo del chief (que ahora está roncando) que me envuelve tiernamente. Y la acogedora presencia de la gente de uno. Esa que uno elige porque te hace bien, porque suman y cuando no pueden ayudar simplemente acompañan.
Este invierno me gusta especialmente porque vino escoltado con mucha gente linda, muy virtual todavía (es parte del encanto), y de buena leche.
Así que les digo gracias a todos porque han podido equilibrar la balanza. Y en estos tiempos, no es poca cosa.