jueves, 13 de julio de 2006

Último modelo

Ah, sí! Lo último de todo. Ese televisor de plasma de 285.000 pulgadas y ese home theater (USA dixit), ese equipo de audio que hasta te masajea los pies. La PC. La notebook. Ambas con muuuuuuuuuuuuucha memoria ram y un rígido de 10.000 GB, wireless, para que puedas conectarte mientras estás almorzando con tu pareja. Electrodomésticos? Todos, of course. El celular que saca fotos, te permite navegar, grabarte hasta el p... que te tirás en la ducha, enviar emails, subir fotos a tu blog (te fijaste que en los momentos críticos hace todo menos comunicarte por teléfono?), el reproductor-grabador de DVD, Cd, Cd-R, Divx, MPG4, VCD, SVCD, DVDC, etc., etc., etc. La última inauguración de lo que sea, el restó-bar-pub-lounge, en cualquiera de los Palermos (que cada vez son más, alguien sabe cuál el método de reproducción?) u otras zonas chic de la ciudad. La novísima fragancia del diseñador del momento. La ropa ídem. Sigo?
Y nada de todo esto es concluyente, todo fluye y cambia como el río de Heráclito. No terminaste de pagar las cuotas del chiche que ya el mercado tiene algo nuevo para ofrecerte. Te desactualizás en un nanosegundo. Envejecemos igual? Noooo, para eso hay muchas cremas, cirugías invasivas, no invasivas, mesoterapia, fangoterapia, aparatología de todo tipo y para todo menester, terapias alternativas, spas urbanos, de campo, suizos y el local de la Shaquelín también. Lo único que no te pueden cambiar son las manos...y la mirada. Pero qué cutis, señores, qué rictus, qué rigidices lisas e inexpresivas, qué tetas que desafían la ley de gravedad y qué labios pulposos a los 50 largos.
Tan solos nos sentimos que tenemos que rodearnos de tantas pero tantas cosas que siempre tienen que ser nuevas? O es que creemos que esos objetos son talismanes que nos protegerán de Átropos, la que corta el hilo de la vida.
El tema es si estamos dispuestos a prescindir de lo superfluo. En definitiva, al final del día, lo único que importa es si lo que hiciste con tu tiempo te hizo bien, tal vez feliz y para eso no es necesario el último modelo.

9 comentarios:

Caracol dijo...

Es verdad, a veces me asombran mis contradicciones en ese sentido.
Hoy empecé mirando la sección autos de prestigioso matutino, con el último modelo de 307, obvio con muchas ganas.
Después leí un articulo sobre 7 millones de argentinos que vive con $ 3 por día.
Y mierda que me sentí boludo por eso.

Alex dijo...

Creo que la cosa no pasa tanto por lo que se tiene ganas de tener, imagino que ese 307 es de lo más merecido, sino por lo que "dice" esa necesidad compulsiva de tener.
Y sí, tiene razón, yo también me siento boluda por lo mismo a veces.

Bruma gris dijo...

Al final del día, lo único que de verdad importa es que puedas mirarte en los ojos de alguien y sentir que te aman. Con arrugas, sin pelo, con kilos de más, sin pantallas LCD ni billetes de avión en primera para ver el Mundial de Balero en Shangai. Y perderte en ese instante, sentir que es para toda la vida, que ya cumpliste la misión, que después de eso no podés pretender nada más porque lo que venga es regalo absoluto.
El día en que la gente entienda que decir "Te amo" y demostrarlo no cotiza en bolsa, no da status pero sí vida, tal vez nos merezcamos llamarnos seres humanos.

Alex dijo...

La depreciación de la palabra, Bruma. A los golpes aprendí que sólo si soy capaz de poner en acción el discurso van a tener sentido las palabras. Ergo, no miento, se me nota en los ojos si lo quiero hacer. Y coincido, no cotiza en bolsa.

Alex dijo...

La depreciación de la palabra, Bruma. A los golpes aprendí que sólo si soy capaz de poner en acción el discurso van a tener sentido las palabras. Ergo, no miento, se me nota en los ojos si lo quiero hacer. Y coincido, no cotiza en bolsa.

Tratando de ser yo dijo...

Pienso que los chiches lo que hacen es darnos pequeñas cuotas de felicidad enfrascada y artificial... que como el gusto de los chicles se va en un ratito. Es una forma "fácil" de mentirnos a nosotros mismos y tratar de hacernos creer que somos felices.
Pero cada uno tiene que buscar su verdadera felicidad, la de en serio, la que inunda el corazón y nos instala una sonrisa las 24 horas del día, la que nos rejuvenece el alma y no el embalaje... pero claro, eso cuesta trabajo y esfuerzo. Yo trato de hacer todo lo posible, aunque tengo que reconocer que muchas veces me tientan los MacDonalds sentimentales.

Tratando de ser yo dijo...

Pienso que los chiches lo que hacen es darnos pequeñas cuotas de felicidad enfrascada y artificial... que como el gusto de los chicles se va en un ratito. Es una forma "fácil" de mentirnos a nosotros mismos y tratar de hacernos creer que somos felices.
Pero cada uno tiene que buscar su verdadera felicidad, la de en serio, la que inunda el corazón y nos instala una sonrisa las 24 horas del día, la que nos rejuvenece el alma y no el embalaje... pero claro, eso cuesta trabajo y esfuerzo. Yo trato de hacer todo lo posible, aunque tengo que reconocer que muchas veces me tientan los MacDonalds sentimentales.

Alex dijo...

Alazán, usted es un dulce y además comparto plenamente.
Anduve por su ropero y leí cosas nuevas, pero estaba en el pueblo y se me hacía difícil comentar, en cuanto pueda (ya volví) entro, revuelvo y opino.

Gabriel dijo...

Mientras leía empecé a sonar en mi cabeza (siempre me pasa eso, siempre que leo algo se me aprieta el play en la discoteca olvidada) "but all the promises we make from the cradle to the grave, when all I want is you"

Lindo che... lindo como todo lo que vengo leyendo aca... que envidia! (si me permite)