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Dos más dos

Hay personas a las que dos más dos nunca les da cuatro.
Siempre otra cosa: la fracción de un sueño, una sonrisa a medias,
un manantial de augurios.
Personas que no se encuentran siquiera en el reverso de sí mismas, invisibles
a su sombra, desubicadas aún en el instante, eternamente perdidas en un paraíso ajeno.
Incansables halladoras de misterios a la vuelta de la esquina, sutiles miembros de una especie innominada para la razón.
No hay descanso en su vagar distante ni comprensión urdida al calor de sus asombrosas circunstancias. Sólo un ir y venir de la pasión al extrañamiento.
Como si en sus vidas fuera habitual no ver el valle desde la colina.
Habitantes consuetudinarios de cielos desmayados de azul sin soles,
perfectos conspiradores de un mundo sin nada conocido,
una perla nacida del amor a la belleza y no la simple consecuencia de la defensa de una ostra, por ejemplo.
Dos más dos no les da nunca cuatro y tan tranquilos.
Mientras el universo colapsa como una enana blanca y nos deja a todos
mirando más allá de lo que alcanzamos a ver, imaginando cómo es vivir
sin que dos más dos de cuatro.

Comentarios

Anónimo dijo…
En todas partes uno se cruza con tontainas, que si naces con estrella o estrellado, que para todo descosido hay un roto, que si vas que si vengo...
Mira lo único importante es que no sobren ojales ni falten botones, el resto es pura cháchara.
Alex dijo…
No lo niego, pero a mí la gente me asombra siempre, en sus diferencias y en sus igualdades, con sus sombras y sus luces.
Gracias por pasar y opinar.

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