viernes, 21 de noviembre de 2014

Volar volar

    Leía recíen en el diario que tuvieron que darle, a la brillantemente gestionada Aerolíneas Argentinas, 955 millones de pesos más. Y me acordé de todas las cosas que me pasaron con los aviones entre junio y y julio de este año.
    A ver, en todas las empresas pasan cosas, KLM, por ejemplo, me perdió el equipaje en Amsterdam. Llegué a Praga con lo que tenía puesto, ni una bombacha de repuesto, nada de nada. Hacía frío y llovía. Yo estaba resfriada y los oídos estropeadísimos, por lo tanto no escuchaba un pomo. El trámite para recuperar el equipaje me dejó al borde las lágrimas de frustración. Al día siguiente a la noche mi equipaje me esperaba en el hotel gracias a la gestion de de uno de los chicos del Constans (by the way, si van a Praga se los recomiendo, está en Malá Strana, la Ciudad Pequeña).
Otra de KLM. Me subo al avión en Ginebra, volvía a Amsterdam y de ahí a Barcelona. Iba absorta en la lectura -un libro de Sándor Márai por si les interesa-, pero de repente presto atención porque me pareció escuchar que el piloto decía que los que estábamos en tránsito hacia Barcelona teníamos que bajar pitando e ir a la puerta C13 porque llegábamos con atraso y el avión no nos esperaba. Viene la azafata, junta a los cinco cuyo destino era Barcelona y nos sienta juntitos adelante y nos dice que vayamos a un bus que nos estaba esperando. Con una mano en el corazón, si te dicen eso ¿vos que creés? que ese bus te lleva directo o al menos lo más cerca posible a la puerta de embarque de tu avión. No. Los cinco que estábamos juntitos como nenes de salita de dos subimos primero, eso sí. Pero después tuvimos que esperar que todos los demás se subieran al bus y eran un montón. Bajamos. Miro la hora en el iPod, tenía tres minutos para llegar a la puta puerta. Y el aeropuerto de Amsterdam es enorme. El avión se fue en mis narices. Cuando llego a la puerta, extenuada y transpirada, el avión estaba carreteando buscando su pista. Me quería matar. Y me quería matar porque otra vez no sabía dónde estaba el maldito equipaje. ¿Lograron subirlo al avión que partió? o como yo, ¿se quedó varado en la holandesa ciudad a la espera de que consiguiéramos un nuevo vuelo?
    Me voy al escritorio de la empresa y les pregunto si estaban ensañados conmigo. La mina me mira medio con cara de orto y me pregunta por qué. Le digo que ya me habían perdido el equipaje hacía diez días y hoy me dejan sin vuelo. La mina no estaba para ironías y la insolencia casi me cuesta cara porque cuando quiero que me indique a qué hora sale el siguiente avión a BCN, me contesta "mañana". Estoy segura que le vi el rictus de malvada satisfacción en la comisura de la boca y ahí, en los ojitos. Cambié de estrategia. Estaba cansada, me quería bañar y volver a un lugar rodeada de gente que hablara mi idioma aunque eso no garantizara que nos entendiéramos. Puse cara de gato de Shrek y le expliqué que mi hijita estaba llegando de Buenos Aires a Barcelona y yo tenía que estar para recibirla. Bueh, conclusión, llegué a mi querida ciudad mediterránea a las 11de la noche. A las once y media me fui de tapas y volví al hotel hecha un trapo. De mi hija ni noticias, gracias a Dios, si las hubiera tenido hubiera sido preocupante, porque estaba cómodamente instalada con su padre, mi marido, en Buenos Aires.

Y ahora volvamos a Aerolíneas Argentinas, la aerolínea que nunca debió haber sido privatizada, en principio. Después del circo que hicieron cuando le expropiaron la empresa a los gallegos y a la que convirtieron en gesta heroica, en el summun de la soberanía, casi en una refundación republicana, uno que  esperaba, ¿eh? Buena gestión al menos, porque transparencia nunca.
Emprendo el retorno a mi país con la alegría de los españoles porque perdió Argentina resonando en mi cabeza en un taxi que me llevaba a El Prat. Un divino el taxista, hablamos de todo, incluso me consoló por el fracaso o triunfo a medias, como quieran, a mí me da igual.
Me bajo, le pago. Le doy la propina y arrastrando mis valijas voy a despachar mi equipaje. Mientras hacía la cola, decido que mejor las envolvía. Me dirijo al sector de mentas. Un muchacho de esos que quitan el aliento me dice que me mejor pesa primero las valijas. Un kilo de exceso de equipaje. "No importa", le dije.
"No te la van a subir", me contesta. "Pero si pago el exceso cómo no me la van a subir", insisto. "Cambiaron las reglas", me dice.
    Voy al desk, le pregunté al chabón de AA que me dice que no suben las valijas con exceso de peso y que además el límite de peso de X bajó a Y con lo cual  el exceso de un kilo ahora era de dos. Me cago en la concha de la lora. "¿Y ahora qué hago?" dije más para mí que para nadie en particular. Y el argento boludo me dijo "comprate otra valija". Si las miradas fulminaran, ese tipo se hubiera convertido en bosta seca.
    De repente veo que éramos varios los que estábamos con la valija abierta haciendo magia con bolsas y bolsitos. Finalmente, logré poner todo en orden, volví a pesar la valija, el carry-on, bolsos y bolsitos y me fui a la puerta de embarque. Dicho sea de paso, el exceso de equipaje me costó 60 euros.
    Me busqué un lugar para esperar cerca de la puerta. Anunciaron el embarque. La gente en estas situaciones se pone muy pelotuda, nosotros, los argentos, el resto mira confundida. Todos los argentos apelotonados en la puerta, casi encima de los empleados, incluso los que tienen prioridad para subir -los que van en primera, los que necesitan asistencia y las familias con chicos chicos. Si esto hubiera sido Buenos Aires y la calle, ya hubieran empezado los bocinazos y las puteadas. De golpe, avisaron que el vuelo estaba demorado porque el avión todavía no había llegado. Yo me asomé y vi el avión. Estaba ahí desde que llegué casi una hora antes. Ok, volví a sentarme, saqué el celu, puse a Gabriel en autos. Me levanté, busqué una cafetería, me tomé un café. Compré la última huevada. Fui al baño, hice pis. Volcí, me asomé, el mismo avión, en el mismo lugar.
     En eso nos dicen que el avión que siempre estuvo ahí, había llegado. Perfecto, cuanto me toca muestro todo lo que había que mostrar y camino hacia el avión. Busco mi asiento. Intento guardar mi carry-on, todos intentan hacer lo mismo: empiezan las puteadas. Un señor bajito pero voluntarioso se hace cargo del asunto y acomoda todo, saca de un lado pone en el otro, avisa a todo el mundo esto te lo puse acá, esto otro allá. Listo. Todos conformes. Me siento. La butaca estaba floja. Escucho murmullos, alguien se levanta y busca a la azafata y le comenta que su butaca estaba floja. Hileras enteras de butacas flojas. Bandejas que cuando las bajás quedan torcidas y mal inclinadas. Olor feo. Alguien quiere ir a mear. No lo dejan usar el baño de business. Primera noticia, nunca me prohibieron usar cualquier baño disponible en el avíon de UA, ponéle, por decirte una línea aérea en la que viajé alguna vez.
    Alzamos vuelo. El cartel de sacarse los cinturones no se apagaba nunca. Lo apagan. Me estaba haciendo pis y voy al baño. Cola de los dos lados de la fila, de la dirección que llevaba yo del ala para atrás y de la cola del avión para adelante. Dos baños enfrentados. Uno ocupado. El otro... El otro baño tenía la puerta salida de sus goznes si es que tienen goznes las puertas de los baños de los aviones. Un pasajero tratando de montarla en su lugar. Abandona el intento. Aparece un señor con cara de vegija con ganas de evacuarse y pregunta:
—¿Por qué nadie usa ese baño?
—Porque está rota la puerta —le contesto y me doy vuelta y sigo hablando con alguien atrás mío.

   Vuelvo a prestar atención a lo que sucedía adelante y veo al señor que muy orondo entró al baño sin puerta, peló la chaucha y se puso a mear adelante de los allí presentes. En eso viene la azafata con un destornillador en la mano. A ver, nos encontrábamos a siete mil metros de altura y aparece una mina revoleando un objeto punzante entre medio de un grupete apiñado que se está meandoy/ocagando, vaya Dios a saber. Porque lo revoleaba. El tipo se va. Antes de que ella llegue, pero se dio cuenta. Entonces, cual si de una vendedora ambulante se tratara, grita con toda la fuerza de sus pulmones, "qué bien el pasajero, meando adelante de todo el mundo".
    Es verdad, el pasajero no tendría que habersa cagado en las reglas de cortesía y sana convivencia porque imaginate si a todo el mundo se le da por seguir su ejemplo. No hubiéramos vuelto con ébola pero con una gastroenteritis, quién te dice. Pero, volviendo al punto, ella no tenía que gritar como una loca mientras seguía revoleando el puto destornillador. No tendría que haberlo tenido siquiera porque es inadmisible viajar 13 horas con un baño fuera de servicio y con el acceso prohibido a otros dos. Después de ese incidente volvieron a prender la luz que indica que teníamos que permanecer con los cinturones puestos mientras nos decían que nos esperaba un viaje lleno de turbulencias. Nos querían sentados para que no rompiéramos las pelotas. Las únicas turbulencias fueron las producidas por un grupete de españoles y austríacos que venían a esquiar a nuestro país y que volvieron loco al señor que organizó el equipaje de los que nos hallábamos a su alrededor.
    Ahora, los Aerolíneas Argentinas jamás me pidieron disculpas por viajar así, parece que es normal, que está bien o está mal pero qué le vas a hacer.
    El día que me reencontré con mi equipaje en Praga, éste venía con una nota de disculpas y un voucher de descuento para que tomara un café en el aeropuerto. Y por haber perdido el avión me dieron un voucher con un  25% de descuento en el próximo vuelo de cabotaje que hiciera. AA ni siquiera me agradeció por bancarme un vuelo en esas condiciones. Porque te cagaban a pedos si te levantabas. ¿Sabías que en un vuelo largo no podés quedarte sentado todo el tiempo? Se pueden producir trombos...
   
    Así llegamos a Buenos Aires, en medio de butacas movedizas, películas sin audio, baños clausurados y otros inaccesibles, reglas de peso de equipaje cambiadas, azafatas vociferadoras, pasajeros de chaucha veloz, y a mí, que me gusta volar, me di cuenta de eso que quiero seguir volando, en bandada libre, en un cielo sin mentiras, sin hipocrecías, sin dobles discursos, sin relatos, sin cadenas, sin caricaturas, sin simulacros, porque eso es lo que este gobierno es, un simulacro. Una copia y encima falsa.


sábado, 15 de noviembre de 2014

De como seis meses de vida volvieron a ser "naaaaaaahhhhh, tá todo bien".





Los que me siguen en Facebook no han tenido otro remedio que leer acerca de mis migrañas. Ese de ahí arriba fue (e intenta seguir siendo), mi cerebro. En realidad, mi cerebro después de 20 días seguidos de dolor de cabeza. Ahora, mientras escribo esto, me duele.
La cosa es que la semana pasada fui a ver a un neurólogo que me dio tarea para el hogar, me dio la orden para una resonancia de cerebro con y sin gadolinio y me prescribió un antidepresivo que suscitó el siguiente monólogo:

ACÁ NO VA A IR NINGÚN MONÓLOGO SIMPLEMENTE ESCUCHARÁN MI DULCE VOZ RELATANDO LOS HECHOS, TAL Y COMO ME PARECEN.
La edición del audio y su conversión a video es gentileza de la Chiru.

DEMÁS ESTÁ DECIR QUE A MI MARIDO LE TUVIMOS QUE ASEGURAR ENTRE VARIOS QUE YA ESTOY MEJOR Y QUE NO TENGO NADA QUE ENSEÑARLE COMO PAPÁ, PORQUE ESE VÍNCULO QUE TIENE CON ZOE ME CAUSA PROFUNDA ENVIDIA. TOMÁ, IN YOUR FACE.
 Y OTRA COSA, AGRADEZCO PROFUNDAMENTE HABERME CRUZADO EN LA VIDA CON Nati García, QUE ESTÁ ATRAVESANDO UNA TREMENDA SITUACIÓN Y ELLA Y SU MARIDO, ME DIERON TODAS SUS MANOS.
 Y A VOS AMIGA DE MI ALMA, HERMANA ELEGIDA, Veronica Gutierrez de Leon y tu Litoqui, QUÉ DECIRTE QUE NO SEPAS, TE AMO CON EL ALMA.

video

domingo, 19 de octubre de 2014

La plegaria de una madre por su hija, por Tina Fey


Primero, Dios: Nada de tatuajes. Ni el símbolo chino de "la verdad”, ni Winnie-the-Pooh levantando el logo de FSU con sus manitas afelpadas.
Que sea bella, pero no dañada, porque es lo “dañada” lo que atrae la mirada del espeluznante coach de soccer, no la belleza.
Cuando le ofrezcan cristal, que recuerde a los padres que le cortaron las uvas por la mitad y que prefiera siempre la cerveza.
Guíala y protégela,
Cuando cruce la calle, suba a los botes, nade en el océano, nade en las piscinas, camine cerca de las piscinas, esté parada en la plataforma del metro, cruzando la calle 86, bajándose de los botes, use los baños del centro comercial, cuando suba y baje de las escaleras eléctricas, mientras maneje por el campo y esté discutiendo, se recargue en grandes ventanales, camine en los estacionamientos, se suba a la rueda de la fortuna, montañas rusas o cualquier cosa llamada “Caída Infernal”, “La Torre de la Tortura” o “Espiral Mortal del Rock N’ Roll Gravedad Cero, presentando a Aerosmith”, y mientras esté parada sobre cualquier tipo de balcón, siempre, donde sea, a cualquier edad.
Aléjala de la actuación, pero no la mandes directo a Finanzas.
Algo en lo que pueda manejar sus propias horas, pero se sienta satisfecha intelectualmente y pueda salir de vez en cuando.
Y que no tenga que usar tacones altos.
¿Qué puede ser, Señor? ¿Arquitectura? ¿Partera? ¿Diseño de campos de golf? Te pregunto a Ti porque si yo supiera, lo haría. Malditasea.
Que pueda tocar los tambores al ritmo feroz de su propio corazón, con la fuerza vigorosa de sus propios brazos, para que no necesite caer con bateristas.
Concédele una mala racha de los 12 a los 17 años.
Déjala que dibuje caballos y que las Barbies le interesen por mucho tiempo.
Porque la niñez es corta — una flor tigre magenta floreciendo por un día
Y la adultez es larga. Y revolcarse en los autos puede esperar.
Oh, Señor, avería el Internet para siempre
Que se aleje de los chismes mal escritos de sus compañeros,
Y de la campaña de marketing de “Hostal de Violación V: Las Chicas Sólo Quieren Ser Apuñaladas”.
Y de que un día se voltee y me llame “perra” frente a Hollister,
Dame la fuerza, señor, para meterla directamente en un taxi frente a sus amigos,
Porque no toleraré esa mierda. No la toleraré.
Y si algún día elige ser mamá, sé mis ojos, Señor,
Que la pueda ver, sobre una cobija en el piso a las 4:50 am, exhausta, aburrida y enamorada de la pequeña criatura cuya popó está escurriendo por su espalda.
“Mi madre hizo esto por mí, alguna vez”, se dará cuenta mientras limpia las heces del cuello de su bebé.
“Mi madre hizo esto por mí”, y la gratitud tardía la bañará, como lo hace cada generación, y hará una nota mental para llamarme. Y la olvidará.
Pero yo lo sabré, porque lo he visto con tus ojos, Señor.
Amén.

domingo, 23 de marzo de 2014

Ojo con ellas.








Mi conclusión es esta: el lenguaje es acción. No hay nada menos pasivo que la palabra.
 

lunes, 25 de noviembre de 2013

Sal...

Sal con una chica que no lee ~Charles Warnke~

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. 

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.


Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.


Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.


No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.


Sal con una chica que lee ~Rosemary Urquico~

 Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.
Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.


Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.
Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.


Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace. Por lo menos tiene que intentarlo.


Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.
Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.


¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.


Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.
Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.


Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.

jueves, 17 de octubre de 2013

550



un número para nominar lo inasible, esa emoción vieja pero persistente, como el rastro de un perfume que apenas se huele en la piel

o sonidos que evocan momentos, tan lejanos algunos y a la vez tan cerca, porque vienen de la mano de un recuerdo

un sabor, ese que quisiste sentir en tu lengua sólo para disfrutar como lo hacían él, ella, cualquiera,
no importa tanto eso
como tu cara ávida de sensaciones, tu deseo en la garganta sólo para probar

oscura luz en la mirada sedienta de eso que ves
eso que ves y anhelás
eso que ves y se esfuma como un espejismo
eso que ves y se escapa

un número para decir lo que no se puede decir
para cantar con voz desafinada
para volar con alas rotas
para reír hasta las lágrimas
esas lágrimas que corren como ríos de tristeza

un número, unas letras
para saber que quedaste de este lado de la sombra





(alta versión)

Cuando el derecho está torcido

Recién leí un chiste, una persona en un autoMac que decía "soy hijo de desaparecidos, agrandame el combo". Me reí, por supuesto. El ingenio popular es rapídísimo y toma lo que le ofrecen y cabandié ofreció prepotencia y algo llamado argumentum ad verecundiam (apelación a la autoridad), y sale el chiste. Pero en el fondo es triste. Porque se banalizan cosas importantes como pasa siempre que usamos como si fuera un trapo la historia, cuando dejamos que se apropien de una bandera que no es de un gobierno sino de todos. Y que, como dice este post, no se reduce a una época histórica, no hay que reivindicar sólo lo que sucedió, los derechos humanos son derechos siempre y valen para todas las personas a las que esos derechos le fueron vulnerados.
Derechos humanos for dummies, es el post al que hago mención.

lunes, 17 de junio de 2013

Un meme más

No sé si les pasa, eso de andar con ganas inciertas, un saber sin saber muy bien qué. Ando así, queriendo volver pero no. Más que nunca este espacio en un cuaderno de anotaciones cósmico, que abro cuando lo necesito y para mí. Si alguien lo lee, ya no tengo pretensión de comentario, en todo caso, me gustaría que la lectura de lo que sea que se me de por poner acá, te sirva. Para lo que sea.
Vengo del Facebook y veo que mi brother, escribió una vez tuve una visión...Seguí el link, leí su visión. Y después me fui a la página principal y me encontré un meme. Y lo voy a hacer. No recuerdo si ya lo hice ni me importa. O sí, y acaso habría que fijarse las contracciones.Al fin y al cabo, Marshal MacLuhan dijo que "no necesariamente estoy de acuerdo con todo lo que digo".

  • Qué edad tendrías si no supieras tu edad? 
  • 34
  • Qué es peor? Fallar o nunca intentar nada?
  • Definitivamente, nunca intentar nada.
  • Si la vida es tan corta, por qué hacemos tantas cosas que no nos gustan y nos gustan tantas cosas que no hacemos? 
  • Por necesidad, por falta de huevos, por ambas cosas. 
  • Cuando todo está dicho y hecho, habrías dicho más de lo que has hecho? 
  • Suelo no preguntarme esas cosas, a ver si pinta el arrepentimiento.
  • Qué es lo que más quisieras cambiar del mundo? 
  • Nada, es perfecto como es. Cambiaría yo y algunas otras bestezuelas humanas, si pudiera pero no me corresponde.
  • Estás avanzando en aquello en lo que creés o te estás afirmando en lo que estás haciendo? 
  • Estoy amando lo hago y no quiero dejar de ir hacia lo que deseo.
  • Si la expectativa promedio de vida humana fuera 40 años, cómo vivirías tu vida de otra manera? 
  • Uh, ya me pasé.
  • Hasta qué punto tuviste el control del curso que tomó tu vida? 
  • Siempre tenemos el control de nuestra propia vida, cualquier otra cosa que nos digamos a nosotros mismos son excusas.
  • Estás preocupado en hacer las cosas bien o en hacer lo correcto? 
  • A veces coinciden. Trato de hacer las cosas lo mejor que puedo con las herramientas que tengo y el saber del que dispongo.
  • Si pudieras ofrecerle a un recién nacido un consejo, qué le aconsejarías? 
  • Rockeá.
  • Qué es lo que sabés hacer diferente a la mayoría de las personas? 
  • Ser yo.
  • Qué es lo que tanto querrías hacer y todavía no hiciste? Qué te está frenando? 
  • Wow. De esto estuve hablando en terapia la semana pasada.
  • Te estás aferrando a algo que necesitás soltar? 
  • Apretás el botón del ascensor más de una vez? Realmente creés que eso lo hace andar más rápido? 
  • Nop. 
  • Por qué vos sos vos? 
  • Porque había una vez una chica y un chico que se conocieron, se amaron, se casaron y me concibieron. Y después de nueve meses, la cigueña trajo un repollito de París y heme aquí, en el berenjenal.
  • Fuiste la clase de amigo que vos mismo querrías como amigo? 
  • En ocasiones.
  • Qué es lo que más agradecés? 
  • Mi hija.
  • Qué elegirías? Perder todos tus recuerdos o perder la capacidad de tener nuevos recuerdos? 
  • Qué pregunta de mierda, realmente. ¿Quién soy sin mis recuerdos? En tanto entiendo la memoria como configuración de mi identidad. O rehacerme a partir de una nueva matriz pero sin la posibilidad de aprender de lo pasado. Anyway, no lo sabría, sería una especie de yo-noyo, algo nuevo, otra historia en un universo paralelo.
  • Es posible saber la verdad sin antes desafiarla? 
  • La verdad te sopapea todo el tiempo y cada hecho puede ser considerado desde diversos ángulos, todos ellos válidos, sinceros, honestos, verdaderos.
  • Alguna vez se hizo realidad tu peor miedo? 
  • Sí, hoy.
  • Te acordás de aquella vez, hará como 5 años, que estuviste tan pero tan enojado? Importa en este momento? 
  • Ni sé por qué me enojé tanto hace cinco años, y sé que me enojé porque siempre me enojo por algo. Los enojos y las causas de los enojos están sobrevaluados.
  • Cuál es tu recuerdo más feliz de la infancia? Qué lo hace tan especial? 
  • Una canción que me cantaba mi abuelo. La hace tan especial que la cantaba mi abuelo. Mi abuelo me hacía sentir que no necesitaba más que ser yo para ser amada.
  • En qué momento de tu pasado reciente te sentiste más apasionado y más vivo? 
  • De un tiempo a esta parte, casi siempre.
  • Si no es ahora, cuándo? 
  • Hoy siempre es todavía, decía un cartelito de mi adolescencia.
  • Si todavía no lo lograste, qué tenés para perder? 
  • El orgullo, sin dudas. Pero a esta altura, el orgullo es una carga sin sentido.
  • No sentís que viviste este día cientos de veces antes? 
  • Siento que viví mi vida cientos de veces. Es agotador.
  • Cuándo fue la última vez que caminaste a ciegas apenas iluminado por el débil brillo de una idea en la que creías fuertemente? 
  • En otra vida. Pero lo estoy intentando con todas mis fuerzas, ahora.
  • Cuál es la diferencia entre vivir y existir? 
  • Si pienso vivir desde la función vital de mantener vivo a un cuerpo y defino existir como ser y habitar el mundo... Pero para hacerla fácil: hay gente que confunde respirar con estar vivo.
  • Cuándo es el momento de dejar de calcular riesgo-beneficio y meterle para adelante con aquello que pensás que es lo correcto?
  • El momento presente.
  • Si aprendemos de nuestros errores, por qué siempre tenemos tanto miedo a equivocarnos? 
  • Porque es mentira que aprendemos. Porque alguna gente no puede desarmar un esquema de repetición grabado a fuego en la experiencia. O aprendemos de algunos pero no de todos.
  • Qué harías distinto a lo de siempre si supieras que nadie te va a juzgar? 
  • Dejaría de decir sí a cosas que me gustaría decir no.
  • Cuándo fue la última vez que prestaste atención al sonido de tu respiración? 
  • Siempre le presto atención desde que dejé de fumar.
  • Qué es lo que amás? Alguno de tus actos recientes expresó ese amor abiertamente? 
  • Amo mucho, personas, cosas y animales. Y sí, lo he expresado abiertamente.
  • De acá a 5 años, recordarás lo que hiciste ayer? O lo que hiciste anteayer? 
  • Obvio que no.
  • Ya mismo, a cada instante, se toman decisiones. La pregunta es: estás decidiendo por vos mismo o estás dejando que otros decidan por vos?
  • Siempre decido yo, aún cuando tengo en cuenta a un otro, lo que hago con eso es mi decisión.

domingo, 27 de enero de 2013

Huevo

Haciendo prehuevo en el hotel con vistas al huevo-party en lo de Ráuli.
Pocas cosas buenas tiene el Féis, una de ellas es facilitarte el encuentro con amigos a los que no veías desde hace 20 años.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Sin siquiera pedir permiso

Todos saben que la Matrix me ha dado cantidad de conocidos, amigos y gente que quiero mucho y que no puedo encasillar en ninguna de las categorías anteriores o alguna más que no menciono, más por falta de ideas que otra cosa.  Y de toda esa gente hay algunos en especial que me hacen llorar de la risa, tanto que decidí publicar el intercambio de mails con algún recorte para no afectar la intimidad de los intercambiadores de e-pístolas. Ahí va:

Asunto: cotorreteamos?

Ramboneta a la que escribe y otros más:


Visto  considerando que los compañeros Amperio y caído catrilar estan muy ocupados como para dar inicio a la cadena loca de mails a fin de organizar una manisetta pues, doy el puntapie inicial y digo:
El lugar ya fue arbitriarimente definido por caído y mi persona, esto es: la pulpería del cotorro. Caido se ofrecio a hacer la reserva en persona, como para darle seriedad a la cuestion.
El dia: un sabado. al mediodia
La hora: las que esten comprendidas dentro de la categoría "mediodía"
La vestimenta: elegante esport
El calzado: en buen estado de aseo
Los accesorios: un bolsito o una carterola. Tambien es de buen tino, que cada uno de los presentes lleve un chongo.
Masomeno como que ya esta cocinado el asunto. Cuanto me alegra

Buenas noches queridos conejos ea ea ea ea pepepepepepe

Amperio le contesta:

Bataraza:
Habida cuenta de sus NBI, me hare presente con el companero Choquena, el pastorcito de la Puna, empomador serial de camelidos antiplanicos.
Ud solo tiene que mirarlo fijo, ponerse levemente estrabica y, de vez en cuando, lanzarle un gargajo guanaqueril. Si acompana esto con un relincho agudo tipo llama que llama a la chota, tiene asegurada una noche de pasion subtropical con estacion seca..
Estoy para servirla, guaina. (No se lo tome literalmente)
UAP, chichi.

Respondo a todos:

 Amperio, compañero, usted va a lograr que me rajen a la mierda de este edificio también.

Me uno a la maniseada pero con una quejareclamo: justo ahora que estoy rodeada de Quentaquis me cambian el orden del día y el lugar de feliz apiñamiento?? Dónde queda el cotorro? En la nueva vecindad de la bataraza??

Deanmé más detalles y allí estaré de ojotas y corpiño calado que la temperatura ya da para andar mostrando las bondades que la naturaleza, en su expansiva sabiduría, me dio.

Aclaro que yo no necesito afetto y sí comprensión.

UAP a todos

Amperio me dice:

 Si busca comprension, china a ud. el Choquena le va a prestar la oreja, pero, le aviso, seguro que le pide que Ud. le empreste algo a cambio..
Ojo que el Choquena nunca perdio un trueque..
Por las dudas, lleve la gombacha de fierro..
Yo voy en medias de vestir, descamisado pero encorbatado y con sunga amariya...

A lo que le respondo (y aquí termina por ahora el intercambio e-pistolar):

 La combinación responde a la etiqueta peronera y garchotera como diría el Mich.
Además, lo veo bien de amarillo, se me ocurre que le combina con el color de los ojos.
Yo voy con la gombacha de hierro y sin soplete.
Y me niego a codornizar, albatrolear o golondrinizar el movimiento que se demuestra andando.
UAP, mi matungo.