domingo, 15 de marzo de 2015

He aquí una mujer

No cualquier mujer. Mi amiga. Mi hermana del alma. La que elegí como madrina de mi hija, es decir, la mamá sustituta, la que le va a saber transmitir las cosas que yo no pueda decirle (por eso del enojo adolescente hacia sus padres) o mejor aún la madre que a mí me gustaría ser. Esa es Verónica.
No hay distancia que me aleje de ella o al menos de lo que ella significa para mí. Fuimos carne y uña. Ahora nuestra relación es más blusa y accesorios, ponele. Eso quiere decir que el tiempo fue pasando y nuestros cambios fueron moldeando otros encuentros, menos frecuentes pero cariñosos y profundos.
Verónica es un pilar de mi existencia. Ella le da sentido a muchas de las cosas que tienen que ver conmigo. Llegué de mi pasado hasta acá, en parte, porque la tenía a ella de amiga-confidente-hermana, refugio en las malas horas.
Feliz cumple, Verchu, vida feliz quiero para vos. Quiero tus colores brillando en cuadros, tu creatividad en cada cosa que tocás, tu manera de ser alegrando otras vidas que se cruzan con la tuya en tus talleres. Quiero eso para vos siempre. Pero también te quiero un poco para mí. Porque yo soy así egoísta y celosa. Bueno, ya no tan celosa y un poco menos egoísta pero vos entendés.
Brindo con vinito del bueno porque el champagne te hace mal. Y gracias.


lunes, 16 de febrero de 2015

Ya que el gran pensador argentino dijo lo que dijo



#MarchaDelSilencio #Justicia #Nisman #18F


 Este cartel es mi respuesta al idiota del intelectual orgánico, miembro de Carta Abierta al que le crearon un cargo para que diga pelotudeces como ésta: “Es como que los chefs llamen a una convocatoria para decir que en la Argentina se cocina mal”, refiriéndose a la marcha del silencio convocada por los ficales de mi país, en homenaje a la muerte sin esclarecer del fiscal Nisman, quien investigaba el atentado a la AMIA. Nisman apareció muerto en su departamento el día anterior a la presentación de su investigación ante las Cámaras legislativas, denuncia en la que acusa a la Presidenta de encubrir a Irán en el atentado contra la AMIA.

viernes, 6 de febrero de 2015

Más de Relato del presente

Servicios kirchneristas de fin ciclo para que se te pare el pelo del susto.
Y esta publicada ayer:
Así hablan los chinos, los chinos hablan así 
Y copio un poquito de la nota con la imagen del tuit presidencial

 0205_CFK2Lo que me da un poquito de escozor es notar que quienes dijeron que los alemanes son todos nazis porque los campeones del mundo nos gastaron “despectivamente”, sean los mismos que hoy se cagan de risa de la ocurrencia de Cristina al bardear desde el estereotipo a toda una comunidad. Y, también, porque nos recuerda una vez más que los únicos que pueden hacer chistes son ellos.
La rebeldía desde el Poder y para el Poder no es rebeldía, sino sumisión, castración ideológica voluntaria. ¿Contra qué sistema se rebelan si son el sistema? Jugar a la revolución desde el Poder es hacer trampa. No existe rebeldía alguna en defender el status quo sotenido por las reglas que van creando a su antojo y según sus necesidades.
En ese etéreo estado de comportarse como anarquistas para defender al más poderoso, se enojan porque no los tomamos en serio. Chicos, no se los puede tomar en serio desde el momento en que la referente de una juventud rebelde, soñadora, independiente y laburante es una abuela multimillonaria empleada pública cuyo único trabajo anterior a su entrada a la Cámara de Diputados en 1989 fue ser la recepcionista del estudio jurídico de su marido.
Del mismo modo que la rebeldía, el humor desde el Poder no es humor. Es gastada, tomada de pelo, bullying, falta de respeto; es cualquier cosa, menos humor. No causa gracia. Y esto es así porque el humor es rebelde. Podrá ser anárquico, negro, sucio, inocente, exagerado, simple o absurdo, pero es la forma de sobrellevar las desgracias entre las cuales se cuenta al Poder mismo.
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Febrero de 2015 y sin palabras desde que ¿mataron? ¿suicidaron? ¿se mató? Nisman

A esta altura se me ocurre que la nuestra es una idiosincrasia vintage. Nos gusta reciclar errores. Nos gusta, además, perder la memoria. Somos billetera mata galán y así nos va.
Lo leo a Lucca y pienso que es necesario compartir la nota. Es vieja, es del 24 de enero pero en realidad es actual, por eso que decía antes, la manía vintage que tenemos y esa tendencia a no ser Funes.

La impunidad como forma de gobierno 

 Primero plantearon la hipótesis del suicidio, como si un tipo que se enfrenta en soledad a un régimen teocrático pudiera temerle a los impresentables del bloque del Frente para la Victoria. Luego, Cristina dijo que no tenía dudas de que no fue un suicidio. Al igual que su descargo contra la imputación de Nisman, en lugar de hacerlo ante la Justicia, lo hizo en Facebook. La monada, mientras tanto, le desea fuerza a Cristina, se ve que algunos creen que Nisman murió por interponerse entre un asesino y la Presidenta.
Los que quedaron del oficialismo se reunieron a velarse entre ellos, leer un documento en el que primero defendieron a Cristina y luego afirmaron que todo se trata de una operación para tapar el boom turístico. No muy lejos se ubicaron algunos colegas, que en el afán de no perderse la ola –y porque prefirieron twittear desde el baño que laburar la noche del domingo– salieron a jugar a ser detectives y caminaron la patente del auto de Nisman, para luego tirar que no estaba a su nombre y que pertenecía a una empresa que “sería la fachada” de un ex agente de la CIA. Si en vez de embarrar la cancha se hubieran detenido a pensar que era un auto blindado alquilado, habrían frenado a tiempo. A no ser que crean que a Nisman lo mataron por no contar con la cédula azul.
Mientras las escuchas demuestran que D’Elía es más servicial y vendepatria de lo que se creía, se acordaron recién hoy de Lagomarsino, que debería haber sido demorado la misma noche del domingo por decir que le entregó el arma hallada a un tipo que contaba con otras dos registradas. Al igual que con la custodia, que dijo que se retiró por su propia cuenta, no está Nisman para refutar los dichos. Ahora buscan irregularidades en el registro del edificio. El auto que el sábado anterior merodeaba con cuatro tipos debe haber llamado la atención de alguien. La fiscal empieza a abordar la teoría del homicidio y los amigos del periodismo policial dicen que es porque en el lugar del hecho estaba la división Homicidios de la Federal. Chicos: la división homicidios va a todos lados en el que haya una muerte dudosa. Y estaban ahí junto a la fiscal. Si encara ahora la del homicidio es porque ya tiene un 99,9% de certeza de que no hubo suicidio. Y no porque necesitara demasiadas pruebas, sino porque está en la mira de todo el mundo y cualquier pelusa que se le escape, sería una fatalidad.
0124_Nisman_2El colectivo de judiciales chupamedias del Gobierno llamado Justicia Legítima, que saca comunicados cuando a Gils Carbó le rebotan disposiciones administrativas, no dijo nada del colega pasado a valores. Gils Carbó, tampoco. Porque para hablar de ideología donde debería haber independencia, siempre sobra tiempo. La impunidad, en cambio, los silencia. Impunidad que cierra un círculo, no el virtuoso que nos propuso Cristina cuando asumió en diciembre de 2007, pero círculo al fin.
El 26 de junio de 2004, un malón comandado por D’Elía tomó una dependencia del Estado. Como buen valiente, escudado en la masa el piquetero copó la Comisaría 24 de la Policía Federal. La comisaría terminó en llamas –literalmente-, destrozada y hasta desapareció un cuadro de Quinquela Martín. La Jueza en lo Criminal María Angélica Crotto ordenó desalojar la Comisaría, el secretario de Seguridad Norberto Quantín dijo que no, al Juez Oyarbide le pareció más copado lo que dijo Quantín, Crotto denunció a Quantín, Béliz y José María Campagnoli –por entonces subsecretario de Quantín– y a los policías que no quisieron acatar sus órdenes. Oyarbide dijo que el hecho no le pareció tan grave.
Al final, tanta violencia y actitudes penadas por el Código Penal finalizaron. D´Elía enfrentó el escarmiento del Estado: fue designado Subsecretario de Tierras para el Hábitat Social. Tuvo mejor suerte que el resto de los intervinientes: el comisario Greco perdió la carrera, Beliz, Campagnoli y Quantín se fueron del Gobierno.
Y nos olvidamos.
A principios de 2004, lo de “este gobierno no reprime la protesta social” todavía no estaba de moda. La Federal llevó a cabo una brutal represión televisada cuando pasó por arriba a los manifestantes que se oponían a la sanción del nuevo Código de Convivencia porteño, en julio de 2004. Problemas con la Secretaría de Inteligencia mediante, Beliz renunció y fue reemplazado por Horacio Rosatti, quien debería cobrar regalías por haber sido el primero en decir que no se reprimen las protestas.
Eso de meter en cana a los trabajadores que se manifestaban contra Repsol en Ensenada, ya no estaría bien. Mandar gente al calabozo por pedir tres kilos de mondongo a un frigorífico, tampoco. En el camino quedaron las imágenes de los 102 manifestantes presos, baleados y asfixiados con gases lacrimógenos, resultado de protestar contra el Fondo Monetario Internacional. También desalojaron a palazo limpio a quienes ocupaban las instalaciones de la quebrada farmacia Franco Inglesa.
0124_Nisman_5El Estado decidió reservarse el rol de buenazo y tercerizó el poder policial en las organizaciones que antes protestaban contra el Estado. Claro ejemplo de esto fue la contramarcha que organizó D´Elía en contra de la movilización en reclamo de justicia por el asesinato de Axel Blumberg el 31 de agosto de 2006. Era la quinta marcha que organizaba un padre que había perdido a su único hijo. Dos años antes había juntado más de 5 millones de firmas pidiendo justicia. A Blumberg, cuyo hijo fue secuestrado y asesinado, lo destrozaron cuando se descubrió que no era Ingeniero. El problema de no ser Presidente.
Y nos olvidamos de la muerte del hijo, del pedido de justicia y de la forreada de D’Elía.
En 2005 Ricardo Jaime viajó a España para pasar la gorra entre las empresas con intereses en Argentina y juntar dinero para la campaña de Cristina Senadora 2005. Una pequeña contribución, un palito por cabeza, a voluntad. De aquellos viajes, Jaime también trajo material ferroviario por la ganga de 1.600 millones de dólares, material que, como corresponde, nunca se usó. Parte del mismo aún puede verse pudriéndose en terrenos del ferrocarril Roca como un monumento al choreo. Poco después, el Ministro de Economía Roberto Lavagna contaba ante la Cámara de la Construcción que tenía registrados al menos 10 casos de sobreprecios en obras públicas. Salió eyectado y pusieron a alguien más amiga de lo ajeno: Felisa Micelli.
En noviembre de 2005 una parva iracunda prendió fuego la estación Haedo del ferrocarril Sarmiento, los trenes, un par de patrulleros y, de paso, se hicieron la tardecita saqueando los comercios de los alrededores. Aníbal Fernández acusó a Quebracho, comandada por Fernando Esteche. Menos de veinticuatro horas después, los muchachos estaban en Mar del Plata para la III Cumbre de los Pueblos, una joda que se organizó como contrapartida de la IV Cumbre de las Américas. Mientras Néstor, recién arribado al tercer planeta desde el sol, criticaba las políticas neoliberales de los noventas, los muchachos financiados vaya a saber por quién –guiño, guiño– prendieron fuego algunos bancos, se cagaron a piedrazos con la cana y saquearon algunos locales de Havanna para traer alfajores a la familia.
Unos días después, Néstor pagaba cash la deuda con el FMI, con guita obtenida gracias a todos los bonos comprados por Hugo Chávez, quien fue el primero en arrimarse a los iraníes, a tal punto que condecoró al entonces presidente persa Mahmud Ahmadineyad.
Para fines de 2006, como caja navideña recibimos como noticia que la empresa Skanska había pagado coimas para ganar la licitación de un gasoducto. El gerente de la compañía confesó, pero no pasó nada. El gobierno intervino Enargas y desplazó a todos los directivos por las cometas, entre ellos el Pacha Velazco, pareja de Felisa Micelli, a quien muy poquito después le encontraron una bolsa llena de dólares en el baño de su despacho. Una inspección de rutina encontró la bolsa. En silencio, Felisa fue desplazada de su cargo, aunque le mantuvieron la custodia policial.
El juez a cargo de la causa, Guillermo Montenegro, renunció un año después para asumir como Ministro de Seguridad de Mauricio Macri. Con él, se llevó a sus dos secretarios, Matías Molinero y Daniel Presti. El fiscal de la causa, Carlos Stornelli, se fue a cumplir la misma función que Montenegro, pero con Daniel Scioli. La causa quedó sin juez, secretarios ni fiscal. En septiembre de 2006, finalizado el juicio contra Miguel Etchecolatz por crímenes de lesa humanidad durante la dictadura, la defensa decide apelar por las inconsistencias del testimonio de Jorge Julio López. López desaparece. Pasaron ocho años y monedas.
Y nos olvidamos.
Para enero de 2007, el gobierno desplazó a Graciela Bevacqua del Indec por negarse a dibujar la inflación. Llevamos ochos años de garabatos. Luego, con el país en campaña, el mangazo electoral para “Cristina, Cobos y vos” incluyó un millón y medio del Grupo Marsans –por entonces, Aerolíneas Argentinas no era nacional, popular ni estaba vaciando la empresa, ni se calentaban en averiguarlo mientras pusieran la tarasca–, valijas voladoras de visitantes bolivarianos que firman su registro en la Casa Rosada y narcotraficantes de efedrina.
0124_Nisman_3En 2008, mientras la multimillonaria empleada pública criticaba a los ruralistas por querer llenarse los bolsillos a costillas del pueblo, en una de las tantas marchas D’Elía cagó a trompadas a un manifestante y se abrazó a la Pirámide de Mayo al grito de “la plaza es nuestra, la puta que los parió”, mientras en Olivos, los carros hidrantes de la policía disparaban contra una manifestación compuesta, en su mayoría, por mujeres que tan sólo sostenían carteles. Días después, la Gendarmería se llevaba en cana a veinte manifestantes, entre ellos, Alfredo De Angeli. Con el conflicto resuelto tras el voto no positivo de Julio Cobos, las pintadas amenazando de muerte al vicepresidente por traidor se multiplicaron. Fue el mismo año en el que Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina aparecieron con las manos atadas y corchazos en sus cabezas al costado de una ruta. Tiempo después nos enteramos que Ferrón era socio de uno de los imputados por el tráfico de medicamentos, y que Forza no podía justificar su exponencial crecimiento patrimonial con su distribuidora, pero que así y todo, pudo aportar unos 200 mil pesos para la campaña presidencial de Cristina. Fue también en 2008 cuando se produjo el allanamiento de una quinta en Ingeniero Maschwitz y la detención de narcotraficantes mexicanos, o sea, el inicio de lo que más tarde llamaríamos “La ruta de la efedrina”.
En su momento nos olvidamos. En 2014 procesaron por narcotráfico al extitular del Sedronar, que debía velar precisamente por una política anti drogas. El tipo, José Ramón Granero, era amigo de Néstor Kirchner. Pasó hace unos meses y nuevamente nos olvidamos.
En 2012, la formación Chapa 16 de TBA ex Ferrocarril Sarmiento no frenó al llegar a la estación Once de Septiembre y murieron 51 personas. El video muestra cómo los vagones que por fuera estaban pintados, por dentro estaba podridos: una nube de polvo de óxido inundaba el lugar luego de que el coche numero dos se incrustara dentro del coche cabecera, algo que no debería haber sucedido con toda la guita que dijeron haber gastado y que nadie sabe dónde cazzo fue a parar, aunque algo intuimos. 51 muertos, cientos de heridos, una Presidenta que se esconde y vuelve para decir que ella sabe lo que se sufre la muerte porque es viuda.
Casi nos olvidamos.
El 2 de abril de 2013 la ciudad de La Plata sufre la tormenta perfecta. No había forma de que no se inundara, pero sí de mitigar los riesgos. Pero el radar del Servicio Meteorológico Nacional estaba roto, los celulares no funcionaban, la luz se cortó y la planta de YPF nacional y popular no contaba con la dotación de bomberos que sí le exigieron a Repsol. Más de dos metros agua en media ciudad y frenaron el conteo de muertos en 54. Los electrocutados, los infartados y los hipotérmicos no contaron. La limpieza del arroyo El Gato fue encomendada a la cooperativa Néstor Vive en Nosotros por la módica suma de cuatro millones de pesos a valores 2012. La limpieza nunca se llevó a cabo. Quizás haya contribuido el hecho de que la cooperativa tenía domicilio en Escobar y se le complicaba llegar.
El primer helicóptero de rescate en aparecer fue para llevarse a la mamá de Cristina. El segundo, para traer a Cristina dos días después. Entre las puteadas de la gente, la Presi afirmó que ella sabe lo que se siente, porque cuando era chica le entro agua a la casa.
Y nos olvidamos.
Pepe Eliaschev investiga y descubre por sus propios medios que Argentina estaba negociando con Irán la impunidad del atentado a la AMIA a cambio de petróleo. Nadie le da bola. En 2013, el Gobierno encara una cruzada patriótica para establecer un memorando de entendimiento con la República Islámica de Irán. La idea consistía en que los funcionarios judiciales argentinos fueran a tomar declaraciones al régimen teocrático que había condenado a muerte al fiscal de la causa, Alberto Nisman.
Pepe nos había avisado, pero nos olvidamos.
0124_Nisman_4Se cargaron a un fiscal federal y, más allá de todas las dudas que algunos seguirán teniendo al respecto, la pregunta que más me duele, la que más me angustia es cuántos anónimos quedaron en el camino sin que nos enteremos. Si al fiscal de mayor exposición pública que debía declarar ante el Congreso un par de horas después le hicieron lo que hicieron, lo que habrán hecho antes y pasó desapercibido.
Más de una vez dije que si les garantizaran la impunidad se cargarían a cualquiera que molestara. Está claro que exageraba: además de la impunidad debía darse la situación de desesperación. Desesperación por el poder perdido, desesperación porque no conciben la vida sin sentirse amos y señores de los destinos de todo aquel que guste de pisar suelo argentino. Basta ver cómo reaccionan cuando una opinión viene de alguien que no vive en el país, al que no le pueden tirar con la AFIP y que reside en un lugar donde no llegan las cadenas nacionales.
Al mejor estilo del final de All that Jazz de Bob Fosse, este gobierno se despide de la vida haciendo una presentación lisérgica y decadente de todos sus hechos, reprimiendo la protesta social, demostrando que los derechos humanos fueron una circunstancia al bancar a un Jefe del Ejército más flojo de papeles que el auto de Boudou, con la presidenta ausente en los momentos picantes, con la militancia bancando hoy un suicidio, mañana un homicidio, pasado una resurrección, con victimizaciones incluso cuando los muertos son los otros y, fundamentalmente, con quilombo.
Un día como hoy, hace 33 años, en un parto que casi le cuesta la vida a mi vieja, nació el tipo que escribe estas líneas. Fui misionero, junior de colonia de vacaciones, portuario, canillita, tarjetero, músico ocasional, empleado judicial y consultor. Nunca dejé de leer ni de escribir desde que aprendí a los cuatro.
Tenía esa edad, también, cuando se suicidó el papá de un amiguito, veterano de Malvinas que no conseguía laburo ni respeto. Contaba con cinco cuando se produjo el primer levantamiento carapintada y seis cuando aprendí qué significaba hiperinflación. El día de mi cumpleaños número siete lo pasé encerrado por el copamiento de La Tablada. Tenía diez cuando voló la embajada de Israel, doce cuando explotó la AMIA, y cumplía quince cuando mataron a Cabezas. A mis 17 se estrelló el avión de LAPA y el estallido de diciembre de 2001 me encontró con 19 años y trabajando en el Poder Judicial.
Desde los 21 hasta hoy cambié tres veces de juzgado, me fui del Poder Judicial, me casé, tuve un hijo, me divorcié, tuve cuatro laburos más, muchas veces de a dos, y finalmente me dediqué a lo que decía que quería hacer cuando me preguntaban a los seis: periodismo. Cambié muchísimo y lo único que no cambió es el Gobierno. Sí, un tercio de mi vida y casi la totalidad de mi adultez, me gobernaron los mismos tipos y conviví con los mismos nabos que creyeron que la rebeldía de la juventud consiste en ser sumiso y obediente al capricho de Presidencia. Sin cuestionar, sin pensar.
Me tomé con humor las desgracias, me preocupé de más por boludeces y, si bien procuré apelar al olvido selectivo, nunca pude aplicarlo. Hoy tengo 33 y, con todo lo que recuerdo, me cuesta entender cómo muchos de los que vivieron estos mismos años se olvidaron de todo. Quizás la pasen mejor. Quizás por eso se sorprendan de lo que estamos viviendo por estos días. Y quizás por ello, dentro de un tiempo, seremos pocos los que recordemos que hubo un Gobierno que, amparado en ideologías caducas y la lucha por la Patria frente a los molinos de viento, transcurrió sus años con la corrupción más pornográfica, la gestión más improvisada y la impunidad más calamitosa. Pero eso sí, con democracia.

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Sábado. Me crié en un país en el que los asesinatos políticos eran algo que había pasado hacía mucho tiempo. La maldición de la memoria.
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 http://blogs.perfil.com/relatodelpresente/2015-01-24-3269-la-impunidad-como-forma-de-gobierno/

martes, 25 de noviembre de 2014

Boyhood

Manu tenía razón. Manu es el hermano de Z, mi niña.

— A vos no te va a gustar —le dice al padre.
— ¿Por qué no?
— Naaaah, vos sos más de tiros. Y con eso dio por zanjada la cuestión en relación al padre.
— Pero a vos sí, mirala.

Y la vimos. Con Z.  Termina la película y ella se quedó con esa sensación de "quiero más, adónde está lo que falta contar".

Pero no se puede seguir contando porque Boyhood es eso, una película acerca de crecer. Acerca de esas cosas mínimas y no tanto que nos pasan todo el tiempo. Es la vida sin grandilocuencia. Sin la épica hollywoodense. O sin lo que Hollywood y algunos espectadores creen que es la vida.
Esos abonados a todo tipo de series y películas o algunos libros que -a veces, no siempre-, tienden a creer que la ficción es una copia fiel de la realidad. Que en las vidas de las personas pasan todo el tiempo o casi eventos que nos ponen a la altura del héroe. O bien son tan trágicos que nos sentimos sobrevivientes emocionales.
Pues es hora de que lo asumamos, la vida no es tan grandilocuente como en las películas. Todos llevamos nuestras mochilas llenas de sueños rotos y esperanzas vacías. De alegrías totales y otras incompletas. De felicidades truncadas y de la sospecha de que la felicidad es un camino. Todos crecemos y crecer es más o menos doloroso de acuerdo a los recursos que supimos construir y que serán tanto más creativos, honestos y sanos como lo que nuestros padres nos hayan podido transmitir de acuerdo a su conocimiento, presencia y constancia. Y el amor se cuela por cada intersticio de ese crecimiento. De manera evidente o no. Pero se cuela.
Y en ese sentido, todos y cada uno de nosotros somos sobrevientes emocionales. Somos los hérores de nuestra propia historia. Porque hemos sido también el villano. Porque lo estamos siendo y no entendemos qué nos pasa. Porque a los cinco minutos la maldad, la crueldad, la desidia se topa de frente con un propio cuestionamiento que nos hace temblar y preguntarnos ¿quién soy? ¿adónde voy? ¿qué quiero? Son preguntas que se repiten todo el tiempo a lo largo de nuestra vida. Cuando somos adolescentes son centrales y desatan la angustia y la ira. El dolor siempre busca una salida y esa salida casi siempre estalla en el lugar y momento menos oportuno.
Pero muchos adultos tenemos esas preguntas guardadas en una caja cerrada con mil candados. Por eso Boyhood termina en el momento en que termina. Porque seguimos creciendo.
Y en todo caso, volviendo a eso de la cosa épica, me quedo con algo que dijo Auggie, el personaje principal de "La lección de August":


lunes, 24 de noviembre de 2014

Perdidas en un universo de tinta y papel


Entre los que le compro y los que se compra con sus ahorros, mi hija ya tiene derecho a una biblioteca. Y como buena casi adolescente que es la quiere ayer. Y yo, como madre manipulable que soy, le di una de las mías. Saqué  mis libros de ella, los desparramé por ahí y la llevé a su dormitorio donde entra más que bien, pero de los cinco estantes llenó cuatro.
— ¿Me puedo llevar los libros de Harry Potter? — me pregunta a la pasada y como quien no quiere la cosa y yo sentí que me corría un frío por la espalda, una sensación del tipo "me quieren robar a mis bebés".
— ¡No! Son míos. —Y me sentí tan Golum. 

viernes, 21 de noviembre de 2014

Volar volar

    Leía recíen en el diario que tuvieron que darle, a la brillantemente gestionada Aerolíneas Argentinas, 955 millones de pesos más. Y me acordé de todas las cosas que me pasaron con los aviones entre junio y y julio de este año.
    A ver, en todas las empresas pasan cosas, KLM, por ejemplo, me perdió el equipaje en Amsterdam. Llegué a Praga con lo que tenía puesto, ni una bombacha de repuesto, nada de nada. Hacía frío y llovía. Yo estaba resfriada y los oídos estropeadísimos, por lo tanto no escuchaba un pomo. El trámite para recuperar el equipaje me dejó al borde las lágrimas de frustración. Al día siguiente a la noche mi equipaje me esperaba en el hotel gracias a la gestion de de uno de los chicos del Constans (by the way, si van a Praga se los recomiendo, está en Malá Strana, la Ciudad Pequeña).
Otra de KLM. Me subo al avión en Ginebra, volvía a Amsterdam y de ahí a Barcelona. Iba absorta en la lectura -un libro de Sándor Márai por si les interesa-, pero de repente presto atención porque me pareció escuchar que el piloto decía que los que estábamos en tránsito hacia Barcelona teníamos que bajar pitando e ir a la puerta C13 porque llegábamos con atraso y el avión no nos esperaba. Viene la azafata, junta a los cinco cuyo destino era Barcelona y nos sienta juntitos adelante y nos dice que vayamos a un bus que nos estaba esperando. Con una mano en el corazón, si te dicen eso ¿vos que creés? que ese bus te lleva directo o al menos lo más cerca posible a la puerta de embarque de tu avión. No. Los cinco que estábamos juntitos como nenes de salita de dos subimos primero, eso sí. Pero después tuvimos que esperar que todos los demás se subieran al bus y eran un montón. Bajamos. Miro la hora en el iPod, tenía tres minutos para llegar a la puta puerta. Y el aeropuerto de Amsterdam es enorme. El avión se fue en mis narices. Cuando llego a la puerta, extenuada y transpirada, el avión estaba carreteando buscando su pista. Me quería matar. Y me quería matar porque otra vez no sabía dónde estaba el maldito equipaje. ¿Lograron subirlo al avión que partió? o como yo, ¿se quedó varado en la holandesa ciudad a la espera de que consiguiéramos un nuevo vuelo?
    Me voy al escritorio de la empresa y les pregunto si estaban ensañados conmigo. La mina me mira medio con cara de orto y me pregunta por qué. Le digo que ya me habían perdido el equipaje hacía diez días y hoy me dejan sin vuelo. La mina no estaba para ironías y la insolencia casi me cuesta cara porque cuando quiero que me indique a qué hora sale el siguiente avión a BCN, me contesta "mañana". Estoy segura que le vi el rictus de malvada satisfacción en la comisura de la boca y ahí, en los ojitos. Cambié de estrategia. Estaba cansada, me quería bañar y volver a un lugar rodeada de gente que hablara mi idioma aunque eso no garantizara que nos entendiéramos. Puse cara de gato de Shrek y le expliqué que mi hijita estaba llegando de Buenos Aires a Barcelona y yo tenía que estar para recibirla. Bueh, conclusión, llegué a mi querida ciudad mediterránea a las 11de la noche. A las once y media me fui de tapas y volví al hotel hecha un trapo. De mi hija ni noticias, gracias a Dios, si las hubiera tenido hubiera sido preocupante, porque estaba cómodamente instalada con su padre, mi marido, en Buenos Aires.

Y ahora volvamos a Aerolíneas Argentinas, la aerolínea que nunca debió haber sido privatizada, en principio. Después del circo que hicieron cuando le expropiaron la empresa a los gallegos y a la que convirtieron en gesta heroica, en el summun de la soberanía, casi en una refundación republicana, uno que  esperaba, ¿eh? Buena gestión al menos, porque transparencia nunca.
Emprendo el retorno a mi país con la alegría de los españoles porque perdió Argentina resonando en mi cabeza en un taxi que me llevaba a El Prat. Un divino el taxista, hablamos de todo, incluso me consoló por el fracaso o triunfo a medias, como quieran, a mí me da igual.
Me bajo, le pago. Le doy la propina y arrastrando mis valijas voy a despachar mi equipaje. Mientras hacía la cola, decido que mejor las envolvía. Me dirijo al sector de mentas. Un muchacho de esos que quitan el aliento me dice que me mejor pesa primero las valijas. Un kilo de exceso de equipaje. "No importa", le dije.
"No te la van a subir", me contesta. "Pero si pago el exceso cómo no me la van a subir", insisto. "Cambiaron las reglas", me dice.
    Voy al desk, le pregunté al chabón de AA que me dice que no suben las valijas con exceso de peso y que además el límite de peso de X bajó a Y con lo cual  el exceso de un kilo ahora era de dos. Me cago en la concha de la lora. "¿Y ahora qué hago?" dije más para mí que para nadie en particular. Y el argento boludo me dijo "comprate otra valija". Si las miradas fulminaran, ese tipo se hubiera convertido en bosta seca.
    De repente veo que éramos varios los que estábamos con la valija abierta haciendo magia con bolsas y bolsitos. Finalmente, logré poner todo en orden, volví a pesar la valija, el carry-on, bolsos y bolsitos y me fui a la puerta de embarque. Dicho sea de paso, el exceso de equipaje me costó 60 euros.
    Me busqué un lugar para esperar cerca de la puerta. Anunciaron el embarque. La gente en estas situaciones se pone muy pelotuda, nosotros, los argentos, el resto mira confundida. Todos los argentos apelotonados en la puerta, casi encima de los empleados, incluso los que tienen prioridad para subir -los que van en primera, los que necesitan asistencia y las familias con chicos chicos. Si esto hubiera sido Buenos Aires y la calle, ya hubieran empezado los bocinazos y las puteadas. De golpe, avisaron que el vuelo estaba demorado porque el avión todavía no había llegado. Yo me asomé y vi el avión. Estaba ahí desde que llegué casi una hora antes. Ok, volví a sentarme, saqué el celu, puse a Gabriel en autos. Me levanté, busqué una cafetería, me tomé un café. Compré la última huevada. Fui al baño, hice pis. Volcí, me asomé, el mismo avión, en el mismo lugar.
     En eso nos dicen que el avión que siempre estuvo ahí, había llegado. Perfecto, cuanto me toca muestro todo lo que había que mostrar y camino hacia el avión. Busco mi asiento. Intento guardar mi carry-on, todos intentan hacer lo mismo: empiezan las puteadas. Un señor bajito pero voluntarioso se hace cargo del asunto y acomoda todo, saca de un lado pone en el otro, avisa a todo el mundo esto te lo puse acá, esto otro allá. Listo. Todos conformes. Me siento. La butaca estaba floja. Escucho murmullos, alguien se levanta y busca a la azafata y le comenta que su butaca estaba floja. Hileras enteras de butacas flojas. Bandejas que cuando las bajás quedan torcidas y mal inclinadas. Olor feo. Alguien quiere ir a mear. No lo dejan usar el baño de business. Primera noticia, nunca me prohibieron usar cualquier baño disponible en el avíon de UA, ponéle, por decirte una línea aérea en la que viajé alguna vez.
    Alzamos vuelo. El cartel de sacarse los cinturones no se apagaba nunca. Lo apagan. Me estaba haciendo pis y voy al baño. Cola de los dos lados de la fila, de la dirección que llevaba yo del ala para atrás y de la cola del avión para adelante. Dos baños enfrentados. Uno ocupado. El otro... El otro baño tenía la puerta salida de sus goznes si es que tienen goznes las puertas de los baños de los aviones. Un pasajero tratando de montarla en su lugar. Abandona el intento. Aparece un señor con cara de vegija con ganas de evacuarse y pregunta:
—¿Por qué nadie usa ese baño?
—Porque está rota la puerta —le contesto y me doy vuelta y sigo hablando con alguien atrás mío.

   Vuelvo a prestar atención a lo que sucedía adelante y veo al señor que muy orondo entró al baño sin puerta, peló la chaucha y se puso a mear adelante de los allí presentes. En eso viene la azafata con un destornillador en la mano. A ver, nos encontrábamos a siete mil metros de altura y aparece una mina revoleando un objeto punzante entre medio de un grupete apiñado que se está meandoy/ocagando, vaya Dios a saber. Porque lo revoleaba. El tipo se va. Antes de que ella llegue, pero se dio cuenta. Entonces, cual si de una vendedora ambulante se tratara, grita con toda la fuerza de sus pulmones, "qué bien el pasajero, meando adelante de todo el mundo".
    Es verdad, el pasajero no tendría que habersa cagado en las reglas de cortesía y sana convivencia porque imaginate si a todo el mundo se le da por seguir su ejemplo. No hubiéramos vuelto con ébola pero con una gastroenteritis, quién te dice. Pero, volviendo al punto, ella no tenía que gritar como una loca mientras seguía revoleando el puto destornillador. No tendría que haberlo tenido siquiera porque es inadmisible viajar 13 horas con un baño fuera de servicio y con el acceso prohibido a otros dos. Después de ese incidente volvieron a prender la luz que indica que teníamos que permanecer con los cinturones puestos mientras nos decían que nos esperaba un viaje lleno de turbulencias. Nos querían sentados para que no rompiéramos las pelotas. Las únicas turbulencias fueron las producidas por un grupete de españoles y austríacos que venían a esquiar a nuestro país y que volvieron loco al señor que organizó el equipaje de los que nos hallábamos a su alrededor.
    Ahora, los Aerolíneas Argentinas jamás me pidieron disculpas por viajar así, parece que es normal, que está bien o está mal pero qué le vas a hacer.
    El día que me reencontré con mi equipaje en Praga, éste venía con una nota de disculpas y un voucher de descuento para que tomara un café en el aeropuerto. Y por haber perdido el avión me dieron un voucher con un  25% de descuento en el próximo vuelo de cabotaje que hiciera. AA ni siquiera me agradeció por bancarme un vuelo en esas condiciones. Porque te cagaban a pedos si te levantabas. ¿Sabías que en un vuelo largo no podés quedarte sentado todo el tiempo? Se pueden producir trombos...
   
    Así llegamos a Buenos Aires, en medio de butacas movedizas, películas sin audio, baños clausurados y otros inaccesibles, reglas de peso de equipaje cambiadas, azafatas vociferadoras, pasajeros de chaucha veloz, y a mí, que me gusta volar, me di cuenta de eso que quiero seguir volando, en bandada libre, en un cielo sin mentiras, sin hipocrecías, sin dobles discursos, sin relatos, sin cadenas, sin caricaturas, sin simulacros, porque eso es lo que este gobierno es, un simulacro. Una copia y encima falsa.


sábado, 15 de noviembre de 2014

De como seis meses de vida volvieron a ser "naaaaaaahhhhh, tá todo bien".





Los que me siguen en Facebook no han tenido otro remedio que leer acerca de mis migrañas. Ese de ahí arriba fue (e intenta seguir siendo), mi cerebro. En realidad, mi cerebro después de 20 días seguidos de dolor de cabeza. Ahora, mientras escribo esto, me duele.
La cosa es que la semana pasada fui a ver a un neurólogo que me dio tarea para el hogar, me dio la orden para una resonancia de cerebro con y sin gadolinio y me prescribió un antidepresivo que suscitó el siguiente monólogo:

ACÁ NO VA A IR NINGÚN MONÓLOGO SIMPLEMENTE ESCUCHARÁN MI DULCE VOZ RELATANDO LOS HECHOS, TAL Y COMO ME PARECEN.
La edición del audio y su conversión a video es gentileza de la Chiru.

DEMÁS ESTÁ DECIR QUE A MI MARIDO LE TUVIMOS QUE ASEGURAR ENTRE VARIOS QUE YA ESTOY MEJOR Y QUE NO TENGO NADA QUE ENSEÑARLE COMO PAPÁ, PORQUE ESE VÍNCULO QUE TIENE CON ZOE ME CAUSA PROFUNDA ENVIDIA. TOMÁ, IN YOUR FACE.
 Y OTRA COSA, AGRADEZCO PROFUNDAMENTE HABERME CRUZADO EN LA VIDA CON Nati García, QUE ESTÁ ATRAVESANDO UNA TREMENDA SITUACIÓN Y ELLA Y SU MARIDO, ME DIERON TODAS SUS MANOS.
 Y A VOS AMIGA DE MI ALMA, HERMANA ELEGIDA, Veronica Gutierrez de Leon y tu Litoqui, QUÉ DECIRTE QUE NO SEPAS, TE AMO CON EL ALMA.

video

domingo, 19 de octubre de 2014

La plegaria de una madre por su hija, por Tina Fey


Primero, Dios: Nada de tatuajes. Ni el símbolo chino de "la verdad”, ni Winnie-the-Pooh levantando el logo de FSU con sus manitas afelpadas.
Que sea bella, pero no dañada, porque es lo “dañada” lo que atrae la mirada del espeluznante coach de soccer, no la belleza.
Cuando le ofrezcan cristal, que recuerde a los padres que le cortaron las uvas por la mitad y que prefiera siempre la cerveza.
Guíala y protégela,
Cuando cruce la calle, suba a los botes, nade en el océano, nade en las piscinas, camine cerca de las piscinas, esté parada en la plataforma del metro, cruzando la calle 86, bajándose de los botes, use los baños del centro comercial, cuando suba y baje de las escaleras eléctricas, mientras maneje por el campo y esté discutiendo, se recargue en grandes ventanales, camine en los estacionamientos, se suba a la rueda de la fortuna, montañas rusas o cualquier cosa llamada “Caída Infernal”, “La Torre de la Tortura” o “Espiral Mortal del Rock N’ Roll Gravedad Cero, presentando a Aerosmith”, y mientras esté parada sobre cualquier tipo de balcón, siempre, donde sea, a cualquier edad.
Aléjala de la actuación, pero no la mandes directo a Finanzas.
Algo en lo que pueda manejar sus propias horas, pero se sienta satisfecha intelectualmente y pueda salir de vez en cuando.
Y que no tenga que usar tacones altos.
¿Qué puede ser, Señor? ¿Arquitectura? ¿Partera? ¿Diseño de campos de golf? Te pregunto a Ti porque si yo supiera, lo haría. Malditasea.
Que pueda tocar los tambores al ritmo feroz de su propio corazón, con la fuerza vigorosa de sus propios brazos, para que no necesite caer con bateristas.
Concédele una mala racha de los 12 a los 17 años.
Déjala que dibuje caballos y que las Barbies le interesen por mucho tiempo.
Porque la niñez es corta — una flor tigre magenta floreciendo por un día
Y la adultez es larga. Y revolcarse en los autos puede esperar.
Oh, Señor, avería el Internet para siempre
Que se aleje de los chismes mal escritos de sus compañeros,
Y de la campaña de marketing de “Hostal de Violación V: Las Chicas Sólo Quieren Ser Apuñaladas”.
Y de que un día se voltee y me llame “perra” frente a Hollister,
Dame la fuerza, señor, para meterla directamente en un taxi frente a sus amigos,
Porque no toleraré esa mierda. No la toleraré.
Y si algún día elige ser mamá, sé mis ojos, Señor,
Que la pueda ver, sobre una cobija en el piso a las 4:50 am, exhausta, aburrida y enamorada de la pequeña criatura cuya popó está escurriendo por su espalda.
“Mi madre hizo esto por mí, alguna vez”, se dará cuenta mientras limpia las heces del cuello de su bebé.
“Mi madre hizo esto por mí”, y la gratitud tardía la bañará, como lo hace cada generación, y hará una nota mental para llamarme. Y la olvidará.
Pero yo lo sabré, porque lo he visto con tus ojos, Señor.
Amén.